por D. Rubén Calderón Bouchet
Tomado de su libro Sobre las causas del orden político
Editorial Nuevo Orden
Buenos Aires, 1976
La pitié, la pitié réelle due á ces malhereux
et à ses semblables, présents et futurs,
est précisément la raison qui prescrit de
ne pas oublier autant que le fait notre siècle,
la justé protection due à la semènce des forts.
CHARLES MAURRAS
[La piedad, la piedad verdadera que es
debida a esos desdichados y a sus semejantes,
presentes y futuros, es precisamente la
razón que prescribe no olvidar, como lo
olvida nuestro siglo, la justa protección
debida a la semilla de los fuertes.]
et à ses semblables, présents et futurs,
est précisément la raison qui prescrit de
ne pas oublier autant que le fait notre siècle,
la justé protection due à la semènce des forts.
CHARLES MAURRAS
[La piedad, la piedad verdadera que es
debida a esos desdichados y a sus semejantes,
presentes y futuros, es precisamente la
razón que prescribe no olvidar, como lo
olvida nuestro siglo, la justa protección
debida a la semilla de los fuertes.]
Cuestiones preliminares

o basta decir que una ciencia tiene que fundarse en la observación de los hechos para que la cuestión metodológica quede terminada. La noción de "hecho" no es tan simple como parece y menos aún cuando se pretende determinar la especie a que tales hechos pertenecen. No puedo saber si un hecho es económico, político, físico o social si previamente no tengo una idea general de la realidad, lo bastante inteligente y reflexiva, que me permita dividirla en una serie de sectores capaces de ordenar la complejidad de su composición.
No basta estudiar hechos. Estos no tienen sentido si no se los observa a la luz de principios universales para ubicarlos con precisión en el orden real. Esta necesidad explica la costumbre escolástica de comenzar con una definición de aquello que se va a estudiar. El propósito es limitar el área de la investigación mediante un trazo firme de sus fronteras ónticas. De otra manera se parte a la deriva sin saber nada de los objetos buscados.
Los inductivistas a rajatablas consideran poco científicas las generalizaciones previas y con el sano propósito de terminar con el fantasma de "las lucubraciones silogísticas", olvidan un buen almacén de ideas universales, sin las cuales les sería muy difícil orientarse en el tupido bosque de los hechos. Un buen investigador en un preciso sector del universo necesita universalidad. Es decir: unidad intelectual en la apreciación de la multiplicidad real. El descubrimiento de la unidad de orden en la pluralidad de los entes, constituye el fundamento del saber filosófico.
El saber filosófico, o ciencia en el sentido propio del término, es, como decía Aristóteles, un conocimiento de las cosas por sus causas. Santo Tomás comentaba en el proemio al libro De Causis que la "noción de causa implica orden y entre las causas hay un orden mutuo". En su primera lección sobre la Etica a Nicómaco escribe esta frase plena de contenido: "Propio del sabio es ordenar y esto porque la sabiduría es la suprema perfección de la razón, cuyo objetivo es conocer el orden. Porque si las potencias sensitivas conocen algo en su singularidad absoluta, sólo el intelecto o razón puede conocer el orden que relaciona una cosa con otra" (1).
El análisis de este pensamiento nos lleva a asentar un principio: el conocimiento científico de la realidad no es semejante a la visión de una cosa absoluta. No se produce si no se encuentra el orden que relaciona una cosa con otra, la estructura inteligible reveladora de la trama que liga unos hechos con otros. Esto es válido para aquello que nos es dado a contemplar, como para aquello que debemos hacer o fabricar.
Las distintas ciencias tienen diversos modos de definir y demostrar y estos dependen de las causas que entran en las definiciones y demostraciones. Conviene comenzar nuestra encuesta con una referencia a los modos de definir y demostrar propios de cada género científico.
a) La Filosofía Natural y la Metafísica consideran un orden real dado y demuestran por todas la causas. El ente considerado en sí mismo o en tanto ente u observado en tanto móvil, supone composición de acto y potencia y la composición remite a una causa eficiente del compuesto y supone una tendencia u orientación finalista. "Así la definición que enuncia el fin, la materia y la forma, comprende todo el proceso de la generación natural" (2). Como las cuatro son causas, corresponde a la filosofía natural conocerlas y demotrar sus conclusiones por referencia explícita a todas ellas. La Filosofía Natural reduce las cuestiones causales a una de estas: formal, eficiente, material y final.
b) La lógica y las matemáticas definen y demuestran por la sola causa formal porque una y otra ciencia tratan sobre entes de razón. Estos entes son abstraídos de la materia singular o sensible y considerados de tal modo, que las propiedades y atributos de tales entes: universalidad, predicabilidad, etc., dependen exclusivamente de una razón formal, no de una situación material, ni de un movimiento de la causa eficiente o de una finalidad cualquiera que pudiere advertirse en esos objetos.
c) La Filosofía Moral o práctica, considera los principios que hacen al ordenamiento de nuestras acciones en tanto se orientan a la realización de nuestro bien propio. Se trata de un orden que debe hacerse y no de un orden ya realizado. Este orden implica una forma realizable por alguien, en algo y con vista a un fin. Por eso se dice que la filosofía moral define también por las cuatro causas. Se advierte que la causa material y la formal no tienen el mismo sentido que en las substancias físicas. La forma impuesta por nuestra acción sobre nosotros mismos en la actividad moral, no es una forma substancial y por ende su materia, tampoco tiene el carácter de una materia "ex qua" la substancia es hecha. En sentido más lato y habida cuenta del carácter análogo de las causas, el acto moral especificante determina e informa al sujeto psíquico, quien se comporta como materia "in qua", o sea como algo en lo cual adviene una nueva perfección como resultado de una acción transformadora.
Santo Tomás, a propósito de las virtudes infusas por el Espíritu Santo dice: "buena cualidad de la mente por la cual se vive con rectitud, de la cual nadie hace mal uso y que Dios la obra en nosotros sin nosotros". Si se tratara de una virtud natural, se sustituye la referencia a la divina operación por la fórmula: "que nosotros mismos con nuestros propios actos disponemos".
La causa formal está anunciada por la frase bona qualitas, en la que se designa el género de la virtud, qualitas y se enuncia su especie, bona. El género próximo, habitus, puede usarse en lugar de cualidad, en tanto el hábito bueno cualifica la disposición.
La causa formal está anunciada por la frase bona qualitas, en la que se designa el género de la virtud, qualitas y se enuncia su especie, bona. El género próximo, habitus, puede usarse en lugar de cualidad, en tanto el hábito bueno cualifica la disposición.
La virtud infusa tiene por sujeto a la mente. En ella reside y en tanto la determina, podemos afirmar que la mente es la materia "in qua" se imprime como un sello la virtud. Pero la virtud es siempre el hábito bueno de una disposición especificada por un determinado objeto. El objeto de la virtud se llama materia "circa quam" porque es aquello acerca de lo cual versa. La ciencia es una buena cualidad de la mente que tiene por objeto material u "objectum materiale circa quam", aquellas cosas que caen bajo su estudio.
La causa final de la virtud es la operación misma. Esto no significa que la operación sea causa final de los actos humanos, sino solamente de la virtud. Vivir rectamente y evitar el mal es la finalidad de las virtudes; esto no es adherir a un puro formalismo ético.
La causa eficiente de la virtud infusa es Dios, de la virtud adquirida el hombre mismo. Es en razón de la eficiencia y de la materia que la ética está subordinada a la antropología y por ende también lo está la ciencia política. Esto fue visto por Santo Tomás cuando en el comentario a la ética de Aristóteles escribió estas palabras: "El político debe conocer el alma de la que investiga una virtud, tal como el médico conoce el cuerpo cuya salud busca. De donde aparece con claridad que conviene al político conocer aquellas cosas que pertenecen al alma, tal como al oculista conviene saber de todo el cuerpo aunque sólo cure los ojos, con todo, tiene más importancia para el político saber sobre el alma, porque la política es una ciencia superior a la medicina, como se dijo más arriba. Esto porque su saber es más completo. Sabemos que los buenos médicos conocen más acerca de los cuerpos que de las operaciones medicinales. De la misma manera el político debe tener conocimientos acerca del alma (3).
El orden social está formalmente constituido por la justicia en acto, esto es por la virtud que establece entre los hombres una ordenada relación de mancomunidad. Considerado entitativamente es una cualidad que conviene al sujeto hombre, en tanto posee una potencia racional que lo vincula y lo ordena con los otros. Esa disposición racional es la materia "in qua" de la justicia, pero como ésta se especifica por su objeto que consiste en dar a cada uno según su derecho. Los otros, en tanto portadores del derecho, son la materia "circa quam" de la justicia.
Conviene se recapacite en el carácter analógico de las causas y en su mutua reciprocidad. Cada una de las causas da origen a un orden propio y éste actúa a su vez como causa en la complicada estructura de la sociedad política.
La necesidad de conocer al hombre para comprender las ciencias morales y por; ende la política misma, está subrayada por Santo Tomás cuando habla acerca de las potencias como sujeto de las virtudes: "no podemos acceder con perfección a la ciencia moral si no sabemos de las potencias del alma". Esto es tanto más necesario porque la actividad ética es parte de la actividad del hombre. La ética es ciencia subalterna de la antropología y cómo dice Santo Tomás: "el que posee la ciencia subalternada, no la tiene de manera perfecta si su conocimiento no guarda continuidad con el conocimiento de la ciencia subalternante" (4).
Problema de la definición de lo social
La existencia de lo social se impone como un fenómeno innegable: el hombre vive en un plano de activa interrelación moral con los demás hombres. Esta situación supone, por parte de los hombres relacionados, una efectiva pluralidad y, al mismo tiempo, una cierta unidad proveniente del carácter social de la relación. Determinar con rigor la esencia de esa unidad en la pluralidad, es el problema impuesto a la filosofía política.
El vocablo sociedad da cuenta de una reunión de hombres, más o menos estable y con propósitos comunes. Ambas notas: estabilidad y objetivo común, testimonian por la unidad en un plano meramente descriptivo. Las múltiples acepciones del término bregan por una diversidad de formas sociales entre las que podemos distinguir: naturales o arbitradas. El uso corriente del vocablo designa también a todas las entidades colectivas, tanto las nacidas en un desenvolvimiento espontáneo de las potencias naturales, como aquellas arbitradas para satisfacer fines no necesariamente ligados a exigencias de esa índole. Se llama sociedad a la familia, al municipio, al linaje, a la corporación, al gremio, al partido, al sindicato y a las asociaciones con propósitos financieros y hasta delictivos.
El mundo influido por las ideas liberales distingue entre sociedad y Estado porque supone a este último nacido de un pacto político. Él Estado es concebido como un artefacto que el hombre arbitra para garantizar el uso de una serie de libertades individuales, imposibles de sostener en el estado prepolítico. El pensamiento clásico no conoció esa escisión, nacida de un criterio estrecho de la noción de Estado. Para el mundo clásico y la tradición filosófica cristiana, el Estado es la sociedad políticamente organizada y no ha lugar a esa separación aberrante entre Estado y pueblo, contra la que combatió denodadamente Hegel. El marxismo, heredero en esto como en otros tópicos del pensamiento liberal burgués, ha insistido con particular énfasis en esta separación, con el propósito de superarla en una nueva síntesis, donde la distinción individuo-sociedad, fuera imposible. Para Marx el Estado es un artificio ideológico-coactivo al servicio de la clase dominante, por esa razón puede creer que la caída definitiva del Estado en la futura sociedad comunista, deja intacta una organización social químicamente pura.
En una sociedad hallamos una pluralidad de hombres organizados en vista a un objetivo común. El carácter de la unidad dada a las acciones individuales y la distribución de sus competencias respectivas, estará en función de los fines propuestos. Esto supone en toda sociedad la existencia de un orden de actividades y por ende una disposición inteligente de sus partes constitutivas que funda el principio de autoridad.
Los sociólogos admiten en la sociedad la existencia de cuatro propiedades que conviene enumerar para delimitar lo social y ensayar una definición.
a) Se trata de una pluralidad de hombres unidos por un interés común. La unidad del interés y su comunidad, lo distingue de todo interés meramente individual.
b) Se reconoce la existencia de una intención común en todos los vinculados con un lazo comunitario. Si se examina el carácter de esta intención se advierte un acuerdo inteligente y una mutua obligación de respetar sus respectivos derechos. Un grupo asociado para cometer un crimen, puede llamarse sociedad en la medida que posee estas condiciones y siempre que se use el término en un sentido muy lato.
c) El acuerdo inteligente supone conocimiento claro del vínculo existente entre los miembros de la sociedad y del propósito final.
d) Entre esa pluralidad de hombres ha de existir acción recíproca directa o indirecta. La interacción sola no funda la sociedad y debe estar completada con los otros elementos especificantes, de otro modo una gresca callejera constituiría una sociedad.
Fridolin Utz arriesga esta definición: "la sociedad es una acción recíproca entre dos o más personas basada en elementos de un contenido intencional común". Por lo menos eso es lo que el término, en su acepción más lata, expresa (5). Vierkand asegura que la sociedad es una agrupación humana cuyos miembros son portadores de relaciones recíprocas conscientes. No entramos a examinar ambas definiciones aplicándoles, con todo rigor, los recaudos del método tomista. Las admitimos como definiciones nominales y a título provisorio.
La definición real
La definición nominal advertía una acción entre dos o más individuos humanos. El problema consiste en averiguar si la explicación última de lo social reside en el individuo o en algún principio supraindividual. De este dilema nacen dos formas típicas de explicación: las explicaciones individualistas y las supraindividuales.
Dentro de las primeras distinguimos tres modalidades, según se apele a un principio mecánico, biológico o psicológico para interpretar la impulsión asociadora de los individuos.
Las explicaciones mecanicistas consideran al individuo única realidad. La sociedad es un agregado, una suma de partes. Los componentes valen en relación a la energía desplegada dentro del conjunto. No hace falta gran perspicacia para comprender la pobreza de los instrumentos nocionales usados por esta teoría.
La interpretación biologista recurre a fuerzas vivas más aptas para dar cuenta del fenómeno social. La sociedad tiene por fin resguardar y promover las aptitudes biológicas de los individuos más capaces. Se inspiran en Darwin y si bien explican lo social por lo individual, consideran al conjunto como una suerte de superorganismo.
La psicología social nace con el propósito de descubrir el motivo psicológico que lleva al hombre hacia lo social. Gabriel Tarde habló de la imitación, otros hallaron en la simpatía el impulso congregante y no faltaron los que vieron en el miedo el factor determinante de la sociedad humana.
Todas estas interpretaciones encierran una verdad parcial, ven un aspecto del problema y en la ausencia de un método de observación adecuado, pretenden explicar toda la realidad social en función de uno de sus elementos menos significativos.
En el orden social la unidad es más decisiva qué la pluralidad, la primera hace a la forma y la segunda a a materia. El valor de nuestra encuesta consiste en hallar la formalidad propia de lo social y determinar a consistencia de esa unidad dentro de la pluralidad, sin desconocer el carácter substancial de los individuos asociados y el meramente accidental de la asociación.
La sociedad es una unidad accidental formada por la acción en mancomún de muchas personas. Determinar con rigor la esencia de ese accidente es la tarea propia le la Etica social.
En orden a determinar el carácter de esa unidad y fundamentar su prelación se han hecho varios intentos. Con el propósito de ponerlos en un esquema cómodo vamos a dividirlos según el modo de concebir la índole propia de lo social:
a) Biologismo social: la sociedad es un hiperorganismo. Bergson en Les deux sources de la morale et la réligion escribe: "La aparición de cada una de ellas (las sociedades) era como la creación de una nueva especie compuesta de un individuo único, el logro vital tendiente de tarde en tarde —en un hombre determinado— a un resultado que no había podido ser obtenido de una sola vez para el conjunto de la humanidad". Una página más adelante añade este párrafo que redondea la idea: "porque presión social y espíritu de amor no son más que dos manifestaciones complementarias de la vida, normalmente aplicada a conservar en conjunto la forma social que fue característica de la especie humana desde el origen. . ." (6).
Bergson afirma que la sociedad es un organismo, pero lo hace en un sentido analógico o metafórico. Admite la existencia de un impulso vital que allende los individuos los une y congrega haciéndolos partícipes de una forma social impuesta por la fuerza creadora de la evolución. La causa eficiente es el impulso vital, la evolución creadora; la materia está constituida por los individuos congregados en función de ese ordenamiento impuesto por la fuerza incoercible de esa tendencia. El fin es la expresión más completa y acabada de la vida.
Osvaldo Spengler en su libro famoso La decadencia de Occidente se pregunta si los conceptos fundamentales de lo orgánico, incluido lo social, ¿no serán el desarrollo de ciertas protoformas biográficas universales? Ve en la historia universal "la imagen de una eterna formación y deformación, de un maravilloso advenimiento y perecimiento de formas orgánicas", semejantes a las plantas o a los animales que son las sociedades culturales 7.
La comparación con los organismos no tiene en Spengler una intención meramente poética. Las sociedades son organismos y como tales se encuentran sometidas al ritmo vital de los seres vivos: nacen, crecen y mueren cuando han terminado el ciclo de su desarrollo.
b) Psicologismo social: lo social se inserta en lo psíquico y se alimenta de las fuerzas anímicas. Esto no sería más que la constatación de un hecho si nociones tales como "alma social" y "espíritu de un pueblo" no complicaran el itinerario de la observación con imágenes tomadas de nociones psicológicas.
c) Teoría de las relaciones humanas: el título para designar este parágrafo es meramente aproximativo. Con él denotamos todas las interpretaciones de lo social que lo explican como una interpelación. La relación social tiene la peculiaridad de ser en un sujeto y al mismo tiempo de referirse a otro.
El ser de una relación depende de los términos que se relacionan. La distancia de A a B o de B a A, depende en su ser de la existencia de A y B. Desaparecido uno de los términos de la relación, ésta también desaparece. Cuando en el término que permanece queda una suerte de remanente o de disposición hacia el otro y esta disposición se funda en la esencia misma del ente considerado, se dice que la relación es trascendental. En el hombre existe una relación hacia el otro que forma parte de su dispositivo esencial. Los cambios que la historia provoca en la situación de los términos relacionados, traen como consecuencia cambios en las concretas relaciones sociales. La sociología es una disciplina histórica que estudia las sociedades concretas y considera la tendencia social del hombre como una relación predicamental.
La ética social estudia la relación con el otro como fundada en la propia naturaleza del hombre, es decir, en cuanto se trata de una relación trascendental. La referencia a los otros está en la disposición natural del hombre y se constituye como un accidente propio.
Esta relación trascendental es, en la persona singular, disposición potencial. Cuando el hombre entra en intercambio social con los otros, actualiza esa disposición y la refuerza con el ejercicio. Crea así un hábito que cualifica la disposición hacia lo social.
El fundamento metafísico de esta disposición es la tendencia del hombre a un bien común para el que posee una ordenación trascendental. Este bien es supra-individual, pero se refiere también a cada uno de los individuos en lo que éstos tienen de propio.
Sobre estas reflexiones, Utz ensaya una definición real de la ética social: "la ética social tiene por objeto toda interacción humana fundada sobre un bien común, sea que este bien esté dado «a priori» en la sociabilidad o se trate de un acto fáctico moral de los hombres que se coaligan" (8).
El mismo autor propone estas otras definiciones reales de lo social que recogen lo esencial de lo asentado más arriba: "social es aquello que constituye la unidad de relación (forma) de muchos hombres (materia) y se fundamenta sobre una acción recíproca (eficiencia) y posee un contenido intencional común (fin)".
Para la ética social propone, provisoriamente, esta definición: "es aquello que se encuentra en una unidad de relación respecto de un bien común, ordenado moralmente a todos los miembros". Y ratifica con más precisión: "la sociedad es la unidad de relación de muchos hombres que se constituye sobre la interacción recíproca con un contenido intencional común".
En ambas definiciones no se explícita con claridad el fundamento trascendental de la relación y la interacción recíproca —con contenido intencional común— deja la impresión de que se trata de una relación predicamental. La definición vale tanto para una iglesia como para una pandilla de pistoleros. La formulación requiere la inclusión de un contenido ético y al mismo tiempo la referencia a la disposición trascendental que la funda en la naturaleza humana.
Utz propone esta última definición: "lo social es la unidad de relación de muchos hombres respecto de un bien común y ordenado moralmente a todos los miembros".
Aceptémosla provisoriamente y continuemos nuestro análisis. Antes de distinguir las diversas formalidades presentadas por lo social, digamos algo del fundamento metafísico de esta disposición trascendental.
Aceptémosla provisoriamente y continuemos nuestro análisis. Antes de distinguir las diversas formalidades presentadas por lo social, digamos algo del fundamento metafísico de esta disposición trascendental.
El ser trascendente se configura como verdad para la inteligencia y como bien para el apetito. El ser trascendente es absoluto y ningún ente relativo puede lograr una aproximación adecuada a su realidad. La aproximación se hace más completa merced a la multiplicidad y a la mancomunidad de los esfuerzos singulares. La adquisición de la verdad y del bien fundamentan el orden social.
"Lo político aquí no significa otra cosa que la conducción temporal de lo humano en cuanto comunitario, o sea el grupo de la «polis» o ciudad. Lo ético o moral es la conducción de lo humano en cuanto tal, como acto del ser singular de la especie; el «ethos» griego, el «mos» latino" (9).
La filosofía nos enseña los principios a que debe someterse la acción, tanto ético individual como política. Estos principios se fundan en la naturaleza del hombre, en tanto trascendentalmente ordenada a la mancomunidad, para alcanzar el bien del intelecto que es Dios.
Lo social y sus diversas disciplinas
Las relaciones de las influencias que los individuos ejercen unos sobre otros, la compenetración o repulsión recíprocas, sin tener en cuenta las disposiciones al fin último, son estudiadas por el sociólogo. Para el sociólogo el "hecho social" es considerado con prescindencia de toda valoración y la relación que implica es descripta en su carácter predicamental.
Nos asalta una duda: ¿puede llamarse sociedad a cualquier agrupación humana que actúe con intención común, aunque ésta sea contraria al orden moral? Si así se admite, conviene precisar con claridad el sentido analógico del término.
Los conocimientos obtenidos por el sociólogo tienden a influir en el proceso del ordenamiento social. Esto hace de su saber una ciencia subordinada a la praxis política. Es en la actividad política donde se integra el conocimiento del sociólogo y presta su efectivo servicio. Es una ciencia positiva ordenada a conocer descriptivamente, hechos que interesan a la tarea política.
No todos los sociólogos admiten esta colocación de su ciencia y persisten en creerla una substituta universal de la metafísica y la ética confundiendo en lamentable caos los saberes prácticos con los especulativos y fácticos.
La sociedad como realidad accidental nacida de las relaciones recíprocas de los hombres orientadas hacia el bien común, está inscripta en el proceso dinámico que lleva la naturaleza humana a su realización cabal. Por eso la sociedad es una realidad práctica y a la reflexión llevada sobre los principios de esa realidad se la llama filosofía o ética social. Recordemos que la reflexión sobre los principios del obrar práctico no constituye un saber acabado, una ciencia práctica en estricto sentido, porque en sus conclusiones hay una tendencia insoslayable a concretarse en una acción perfectamente situada.
El objeto común de las ciencias prácticas es la realización de un orden concreto. Los medios considerados para alcanzar el fin de la acción moral, diversifican los capítulos de la ética dividiéndola en:
Etica personal o monástica: estudia las obligaciones del hombre respecto de sí mismo, independientemente de su integración a un orden comunitario o político. La ética familiar o económica: considera las obligaciones del hombre dentro del orden familiar y la ética social o política lo sitúa en el orden sociopolítico.
La reflexión sobre los principios considera una estructura de orden haciendo abstracción del ordenamiento concreto impuesto por una situación dada. Para poder precisar con rigor esta exigencia epistemológica se hace necesario distinguir lo que proviene de la "fisis", de aquello que nace de los actos libres cuando se pronuncian en distintas situaciones. Pensemos que la fijeza de los principios operativos naturales no invalida la libertad de los actos en que estos principios se actualizan. La acción social es siempre y en todos los climas y tiempos, acción específicamente inteligente y voluntaria. La inteligencia puede resolver el problema político de un modo o de otro, pero su solución será siempre inteligente y los impulsos naturales del hombre estarán allí lo suficientemente expresados como para que se pueda discernir su humanidad.
La acción social es también acción personal. No puede comprenderse su razón específica si no se tiene en cuenta la multiplicidad de personas que obran de mancomún. La acción de la persona individualmente considerada se entiende a partir del todo y en tanto participa de un bien común.
"En la ética social se tienen en cuenta los deberes personales, que se han impuesto al hombre, en cuanto éste tiene que desempeñar una función parcial en un todo informado por el bien común" (10).
Es ciencia práctica porque tiene por fin la perfección del agente que opera. Todos los saberes que colaboran en el conocimiento circunstanciado de la situación concreta de una comunidad inciden en el mayor perfeccionamiento del acto determinante del orden. Esto explica por qué este saber se encuentra relacionado con otros de tipo especulativo: antropología, metafísica, etcétera.
La acción humana es tanto más perfecta cuando más clara conciencia tiene el agente de todos los ingredientes que la constituyen. El conocimiento abstracto de los principios no basta para determinar la rectitud del acto concreto, pero colabora en él. Lo decisivo es el orden de las virtudes, porque influye decisivamente en el acto prudencial. Esto fue visto por la socrática con gran agudeza y Platón en La República busca conciliar las exigencias de un orden interior justo, con el orden de la ciudad.
1 In Eth., Lect. 19 Nº 1.
2 In 119 Phys., Lect. 15, Nº 5.
3 In Eth., lect. 19, Nº 227.
4 De Veritate, 14,9 ad 3
5 Utz, Fridolin, Etica Social, Herder, Barcelona, 1961, p. 60.
6 Bergson, Oeuvres, P.U.F., Paris 1959, pp. 1056-57.
7 Spengler, Osvaldo, La, decadencia de Occidente, Espasa Calpe, Madrid, 1934, t.I, p. 38.
8 Utz, F., op. cit., p. 64.
9 Sepich, J. R., Estructura de lo social, Sol y Luna, Bs. As., 1940, p. 27.
10 Utz, F., op. cit., p. 112.