
por el R.P. Julio Meinvielle
Copia escaneada de la tercera edición reproducida en la Colección “Biblioteca del Pensamiento Nacionalista Argentino”, volumen 3º, editado en Bs. Aires en el año 1974. Al final se agregan como Apéndices (incluidos también en el volumen citado) varios trabajos del autor relacionados con el tema y un ensayo sobre Maurras)
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La "física política" de Charles Maurras y la Política Cristiana (19)

harles Maurras ha sido un gran maestro de la política, un maestro sólo comparable a Aristóteles. Ha visto la política en sus conexiones concretas: el interés general, que Santo Tomás denomina bien común, sobre los bienes particulares de los grupos y personas. Este interés general, que constituye la ley esencial de la política, no se funda en el contrato, como ha pretendido Rousseau, y después de él, el liberalismo.
La esencia de la política está dada en la naturaleza. Charles Maurras llama física a esta naturaleza (20). Y ella encierra: La estructura de las familias, el régimen de los matrimonios, la pertenencia del hijo; la educación, la instrucción, la escuela; la estructura de la comuna y de la provincia, la del país y la del oficio; la estructura de la Nación, del Estado central, de los Estados descentralizados; la relación de lo temporal y de lo espiritual (21).
En esta clasificación de los elementos sociales, que no dependen del contrato sino que se fundan en la naturaleza, Charles Maurras sigue los pasos de Aristóteles, quien, al comienzo de su célebre POLÍTICA, asienta la ley de oro que ha de regir toda convivencia política entre los hombres: que aquel bien al que se ordena la ciudad ha de ser el principalísimo entre todos los bienes humanos. Si toda comunidad se ordena al bien, es necesario que aquella comunidad que es la más principal sea la que procura el bien más principal entre todos los bienes.(22)
Podría discutírsele a Charles Maurras si a esta naturaleza ha de llamársele física como él pretende, o más bien moral, como enseña Santo Tomas con Aristóteles. Pero lo que sin duda ha de reconocérsele es que antes de que se haga intervenir la voluntad libre de los hombres en el arreglo de las sociedades humanas existe una estructura, determinada por la misma naturaleza del hombre y de la sociedad, que exige que la sociedad haya de orientarse hacia el bien común y que haya de estar condicionada de una manera determinada bien precisa. Entre estas condiciones, la familia debe ser monogámica e indisoluble, ha de ser responsable de la educación de los hijos: sólo así podrá contar la sociedad con ciudadanos responsables. La economía ha de basarse en la estructuración de los cuerpos intermedios: sólo así se asegurará la justicia en el intercambio económico, lo que determinará el interés de todos por mantener el vínculo societario. La autoridad de la sociedad ha de ser firme y duradera y no puede quedar librada al capricho de los grupos o individuos que la componen.
Esta concepción de una política fundada en la estabilidad de instituciones naturales ofrece una garantía contra el liberalismo y contra el socialismo. La escuela política de Charles Maurras constituyó en Francia el gran baluarte contra la Revolución en el primer cuarto del siglo en que vivimos. Así lo comprendió el gran Pontífice San Pío X y, en consecuencia, no dejó de prodigarle su generoso apoyo en contra de los intentos del socialismo, disfrazado entonces de un tinte cristiano. No sólo Roma lo apoyó, sino que se erigió en enemiga implacable del sillonismo, su enemigo. Marc Sangnier, en efecto, con su movimiento "Le Sillon" (El Surco), ejercía una morbosa influencia sobre los jóvenes franceses, inflamando sus corazones en el amor de causas seductoras pero funestas (23). San Pío X los condenó en NOTRE CHARGE APOSTOLIQUE, donde al mismo tiempo establece el verdadero peligro del democratismo y del socialismo. Allí, el Santo Pontífice denuncia la nivelación de clases, una falsa exaltación de la persona humana, la soberanía popular, advirtiendo que los verdaderos amigos del pueblo no son ni revolucionarios ni innovadores, sino tradicionalistas (24).
Sin embargo, los enemigos de Maurras no dejaban de intrigar tanto en el Episcopado francés como en la misma Roma, y habían conseguido que la Congregación del INDEX preparara un documento condenando a Maurras. Porque hay que observar que, aunque la escuela política de L'ACTION FRANÇAISE fuera inobjetable en su doctrina política, sin embargo su fundador y director indiscutido, Charles Maurras, era hombre de ideas perversas y anticristianas. Empero, el elemento más preclaro de L'ACTION FRANÇAISE lo constituían católicos ejemplares. No solamente esto, sino que L'ACTION FRANÇAISE servía de puente para que muchos incrédulos se convirtieran y entraran en la Iglesia.
Pero San Pío X advirtió con sagacidad que se quería producir la condenación de L'ACTION FRANÇAISE no por las ideas impías de su fundador y director, sino por su concepción sana y antidemocratista de la política. Por esto se opuso a su condenación y guardó en su cajón particular el decreto del Santo Oficio y manifestó que mientras él viviera, L'ACTION FRANÇAISE no sería condenada. Llegó a más todavía. A la madre de Maurras, que en 1911 estuvo arrodillada ante él, pidiéndole la bendición para su hijo, aquél le dijo: Bendigo su obra; ella tendrá éxito.
Durante el Pontificado de Benedicto XV volvieron a arreciar los ataques contra Charles Maurras y su ACTION FRANÇAISE, pero Benedicto XV siguió en este punto las normas de su ilustre predecesor.
Las cosas habían de cambiar en el Pontificado de Pío XI. El asunto sería largo de explicar porque la maniobra fue astutamente urdida. El Cardenal Andrieu, Arzobispo de Burdeos, inició la campaña con una "vergonzosa requisitoria", en opinión del Cardenal Billot. Allí se acusaba a los dirigentes de L'ACTION FRANÇAISE de profesar errores sobre Dios, la divinidad de Jesucristo y sobre la Iglesia. Pero la maquinación no hubiera surtido efecto si Aristides Briand no hubiera vuelto a tomar la dirección de las relaciones con el Vaticano en el Quai d'Orsay, y desde allí no hubiera maniobrado sirviéndose del Nuncio en París.
La maniobra estuvo tan bien urdida que se llegó a fabricar y a hacer llegar a Pío XI para la lectura diaria una ACTION FRANÇAISE "de fantasía, fabricada con grandes gastos para irritarle y llenarlo de horror" (25).
Todo lo que siguió fue efecto de la maniobra. Pío XI, ante la lectura de ejemplares perversos, preparados especialmente para indisponerlo con L'ACTION FRANÇAISE, la condenó, imponiendo sanciones severas a quienes pertenecían a ella o se entregaban a la lectura de sus publicaciones.
Como lo reconoció el mismo Maurras más adelante (26), L'ACTION FRANÇAISE debió evitar el conflicto formal con las autoridades espirituales y así cubrirse de toda apariencia de insubordinación. Esto debió haberlo hecho a todo precio. Pero no sólo no lo hizo, sino que desató una polémica envenenada y envenenadora que debía desgarrarlos y que, envenenándose, debía envenenar nuestros males. (27)
El asunto de L'ACTION FRANÇAISE fue un asunto ruidoso que debía trastornar radicalmente las posiciones de la Iglesia en Francia y consiguientemente en el mundo. Los efectos debían palparse con el correr de los años. El ejemplo típico fue el caso Maritain. Este filósofo que venía del bergsonismo estaba entonces entregado con devoción singular al tomismo. Había escrito en ese tiempo un libro que definía su estado de espíritu, ANTIMODERNO. Pero el drama de L'ACTION FRANÇAISE actuó como un poderoso revulsivo que le hizo mudar de posición. Desde entonces comenzó a seguir otra línea intelectual en doctrina política y en la valorización de la civilización para acabar en vulgar democratista, seguidor de Lamennais y de Marc Sangnier (28).
Lo que pasó con Maritain sucedió igualmente con el catolicismo francés y aun con el mundial. Detrás de Maritain vino un conductor de juventudes, inquieto e inflamado, Emmanuel Mounier, que orientó a las nuevas generaciones por el personalismo, nombre que se dio al nuevo socialismo para uso de los cristianos. Mounier y su revista ESPRIT arrastraron tras de sí y de su funesta empresa a Chenu y a Congar, quienes debían efectuar la liquidación del catolicismo tradicional y sustituirlo por un progresismo delicuescente y disolvente. Todo ello debía terminar en las posiciones secularistas y marxistas de hoy. El hecho cierto es que la condenación de L'ACTION FRANÇAISE en 1926 trastornó radicalmente la suerte del catolicismo francés y del mundo.
Mientras tanto, las relaciones de L'ACTION FRANÇAISE con el Vaticano fueron entrando en una situación cada vez más benévola. Aquí intervinieron las oraciones y las recomendaciones de las santas hermanas de Lisieux, quienes aprovecharon sobre todo la visita que les hizo el entonces Cardenal Pacelli, luego el gran Pío XII, para pedirle como un favor especialísimo el levantamiento de las sanciones contra L'ACTION FRANÇAISE. Estas fueron levantadas por Pío XII el 13 de julio de 1939.
Charles Maurras, condenado a prisión perpetua por un tribunal que lo acusaba de colaboracionista, se convirtió totalmente al catolicismo.
¿Qué pensar de la doctrina de L'ACTION FRANÇAISE a la luz de la enseñanza católica? Nos limitamos exclusivamente a este punto, sin entrar al análisis de los peligros que puede correr un católico por seguir a un maestro incrédulo aunque sólo lo haga en su doctrina política que en este caso sería inobjetable.
Para responder a esta cuestión, vamos a seguir los puntos que expresa el mismo Maritain en su opúsculo UNE OPINION SUR CHARLES MAURRAS ET LE DEVOIR DES CATHOLIQUES, Plon, París, 1926.
1. El empirismo organizador. Sabido es que el método que sigue en sus elucubraciones Charles Maurras lo califica de empirismo organizador. De aquí se sigue que sus ideas políticas no derivan de una ética y mucho menos de una metafísica, sino de la observación histórica dirigida a una situación concreta. Estudia las causas próximas que explican la salud de una situación política, o, por el contrario, su corrupción y decadencia. Aunque no participa del positivismo filosófico de un Comte, sigue sus observaciones en lo que se refiere al gobierno del pensamiento, de las costumbres y aun de la ciudad misma. Sus ideas políticas se presentan como un conjunto de conclusiones adquiridas por vía inductiva y como comprobaciones inmediatas de la razón. Procediendo de una manera empírica e inductiva, pide a la observación y a la historia el responder a la cuestión siguiente: ¿existen condiciones generales y constantes, y cuáles son, que determinan la decadencia y corrupción del cuerpo social? ¿Qué hay que pensar de este empirismo organizador? Mientras se limite a sacar las consecuencias implicadas en las premisas, no hay nada que censurar. Es el método que tan sabiamente siguió Le Play para determinar las condiciones morales de la vida de las sociedades. Si la historia es maestra de la vida, estudiarla con esta dedicación no puede ser más legítimo y aleccionador.
2. La democracia. — Una cosa es la democracia entendida en el sentido de la politeia, de Aristóteles y otra en el sentido moderno, inficionarla con el mito de la soberanía popular del Contrato Social de Rousseau. Y es claro que la democracia de hoy, aunque teóricamente puede ser una forma legítima de gobierno, en la práctica ha dejado de serlo porque el mito rousseauniano la ha contaminado. Las críticas de Maurras son entonces legítimas.
3. Primero, la política, es decir, politique d'abord. — Se ha acusado a L'ACTION FRANÇAISE de dar primacía a la política sobre todo otro valor moral. Pero aquí hay que advertir que una u otra primacía se impone según sea el punto de vista desde el cual se consideren las cosas. Es claro que en una apreciación de la importancia de los valores corresponde la primacía al valor religioso; pero si se consideran las cosas desde el punto de vista de la necesidad y de la vigencia de la moral pública, entonces hay que dar primacía a la política. Porque es el cumplimiento de las leyes que aseguran las buenas costumbres lo que ofrece garantía de seguridad y de salud moral. Por esto, el mismo Maritain sostiene que política primero — si "primero" se refiere así, no al fin perseguido y al orden de la intención (lo que sería divinizar al Estado) sino a las condiciones que hay que suponer en el orden de la ejecución, es una verdad de sentido común (29).
El mismo Maurras ha explicado en MIS IDEAS POLÍTICAS (30) cuando dice: "Cuando decimos «ante todo, política», queremos decir: la política primero, primera en el orden del tiempo, de ninguna manera en el orden de la dignidad. Equivale a decir que la ruta debe tomarse antes de llegar a su punto terminal; la flecha y el arco deberán empuñarse antes de dar en el blanco; el medio de acción precederá el centro a que se lo destina".
4. Política y política cristiana. — Hay que reconocer los méritos de la doctrina política de Charles Maurras en cuanto ha usado un método y principios realistas que lo han llevado a defender valores fundamentales de un realismo político y lo han librado de caer en los errores del liberalismo rousseauniano. Su política ha constituído una política sana, lo cual es mucho pedir en un tiempo de delincuencia y de degradación de la vida pública. Pero, sin embargo, hemos de reconocer que si tenemos en cuenta que la política ha de regir a hombres y sociedades cristianas que no han de acomodar su vida a un módulo puramente natural sino al sobrenatural de la vida eterna; entonces, hay una insuficiencia en Maurras. Su política, por insuficiente, podrá ser calificada de natural o de naturalista.
No hay duda que resulta algo anormal que un incrédulo sea el mentor de una política para cristianos. Esta insuficiencia, si de algún modo no era reparada, iba a hacer crisis dentro de L'ACTION FRANÇAISE misma.
Sin embargo — y esto lo vio sagazmente el gran Pío X — los ataques contra L'ACTION FRANÇAISE no se llevaron contra esta carencia en un deseo noble de ponerle remedio, sino al contrario, por lo que L'ACTION FRANÇAISE representaba de valioso y de conforme con la ley natural Se la atacaba porque era una política de autoridad y de orden.
Aquí radica la diferencia entre un Pontífice santo y otro que no lo es, aunque pueda ser muy virtuoso. El santo está dotado de una prudencia sobrenatural que discierne la malicia del enemigo en cosas al parecer inocentes. Por esto San Pío X ha podido decir a un obispo francés que se empeñaba en lograr la condenación de L'ACTION FRANÇAISE: Nos tenemos aquí, querido hijo, todo lo que hace falta para condenarlo. Pero nosotros estamos seguros de que las personas que nos han documentado tan bien han actuado menos por amor y celo de la santa religión que por odio de las doctrinas sostenidas por L'ACTION FRANÇAISE. Después, cerrando con un golpe seco el cajón del escritorio, Pío X añadió: —Así, mientras yo viva, jamás será la A. F. condenada. Ella hace bien. Ella defiende el principio de autoridad. Ella defiende el orden (31).
San Pío X se constituyó en defensor de Charles Maurras. Pío XI condenó a Maurras. Pero otro pontífice que, sin duda, ha de ser exaltado a los altares, Pío XII, levantó la condenación de Maurras, y ello sin exigir a los de L'ACTION FRANÇAISE la menor retractación de ningún error determinado. Sólo hubo un cambio de cartas en términos generales. ¿Cómo se explica todo esto? Por el discernimiento de los espíritus que ilumina a los santos. Un santo y sólo un santo, Pío XII, comprende e interpreta a otro santo, a San Pío X. Así lo ha manifestado el mismo Pío XII en el discurso que pronunció el 3 de junio de 1951 en la plaza de San Pedro en ocasión de la beatificación del gran Pontífice. Ahora, dijo entonces, que el examen más minucioso ha descubierto a fondo todos los actos y vicisitudes de su pontificado, ahora que se conocen las consecuencias de aquellas vicisitudes, ninguna duda, ninguna reserva es ya posible, y se debe reconocer que, aun en las períodos más difíciles, más ásperos, más graves y de más responsabilidad, Pío X, asistido por la gran alma de su secretario de Estado, el Cardenal Merry del Val, dio prueba de aquella iluminada prudencia que nunca falta en los santos, aunque en sus aplicaciones se encuentre en contraste doloroso, pero inevitable, con los engañosos postulados de la prudencia humana y puramente terrestre. Y luego, añadía: Con su mirada de águila, más perspicaz y más segura que la corta vista de miopes razonadores, veía el mundo tal como era, veía la misión de la Iglesia en el mundo, veía con ojos de Santo Pastor cuál era su deber en el seno de una sociedad descristianizada, de una cristiandad contaminada, o, al menos, acechada por los errores de la época y por la perversión del siglo (32).
La mirada de águila de San Pío X vio claro en el asunto de L’ACTION FRANÇAISE y de Charles Maurras. Cierto que la incredulidad religiosa de Maurras, que había perdido la fe en su juventud, ha alcanzado un grado de sacrílega impiedad y de blasfemia en obras como ANTHINEA y LE CHEMIN DE PARADIS. Pero el programa de acción política contra el demoliberalismo de la Revolución forjado por Maurras ofrecía garantías para una firme restauración social política en la línea católica. Su ACTION FRANÇAISE era, en el plano político, una defensa de la Iglesia contra la Revolución. A Camille Bellaigne, que pedía una bendición para Maurras, le respondió San Pío X: ¡Nuestra bendición! ¡Pero todas nuestras bendiciones! Y decidle que es un buey defensor de la Fe" (33).
19 Artículo inédito escrito en el año 1972 (N. del E.).
20 LE BIENHEUREUX PIE X, SAUVEUR DE LA FRANCE, Plon, 1953, París, pág. 219 (N. de A.).
21 Ibid. P. XVIII (N. del A.).
22 Santo Tomás IN POLITICORUM, Marietti, 1951, Nº. 11 (N. del A.).
23 NOTRE CHARGE APOSTOLIQUE, Encíclicas Pontificas, Guadalupe, 1965, T. I, p. 2271 (N. del A.).
24 Ibid., p. 2285 (N del A.)
25 LE BIENHEUREUX PIE X, SAUVEUR DE LA France, p. 13 (N. del A..)
26 Ibid., p. 140 (N. del A.).
27 Ibid., p. 140 (N. del A.).
28 Ver mi DE LAMENNAIS A MARITAIN, teoría, 1967 (N. del A.).
29 UNE OPINION SUR CHARLES MAURRAS, ibid., p. 32 (N. del A.).
30 Editorial Huemul, Buenos Aires, pág. 139 (N. del A.).
31 Charle Maurras, LE BIENHEUREUX PIE X, SAUVEUR DE LA FRANCE, p. 72 (N. del A.).
32 Ecclesia, de Madrid, 9 de junio de 1951 (N. del A.).
33 Harry Mitchell, PIE X ET LA France, Les Editions du Cédre, Paris, 1954. (N. del A.).
La esencia de la política está dada en la naturaleza. Charles Maurras llama física a esta naturaleza (20). Y ella encierra: La estructura de las familias, el régimen de los matrimonios, la pertenencia del hijo; la educación, la instrucción, la escuela; la estructura de la comuna y de la provincia, la del país y la del oficio; la estructura de la Nación, del Estado central, de los Estados descentralizados; la relación de lo temporal y de lo espiritual (21).
En esta clasificación de los elementos sociales, que no dependen del contrato sino que se fundan en la naturaleza, Charles Maurras sigue los pasos de Aristóteles, quien, al comienzo de su célebre POLÍTICA, asienta la ley de oro que ha de regir toda convivencia política entre los hombres: que aquel bien al que se ordena la ciudad ha de ser el principalísimo entre todos los bienes humanos. Si toda comunidad se ordena al bien, es necesario que aquella comunidad que es la más principal sea la que procura el bien más principal entre todos los bienes.(22)
Podría discutírsele a Charles Maurras si a esta naturaleza ha de llamársele física como él pretende, o más bien moral, como enseña Santo Tomas con Aristóteles. Pero lo que sin duda ha de reconocérsele es que antes de que se haga intervenir la voluntad libre de los hombres en el arreglo de las sociedades humanas existe una estructura, determinada por la misma naturaleza del hombre y de la sociedad, que exige que la sociedad haya de orientarse hacia el bien común y que haya de estar condicionada de una manera determinada bien precisa. Entre estas condiciones, la familia debe ser monogámica e indisoluble, ha de ser responsable de la educación de los hijos: sólo así podrá contar la sociedad con ciudadanos responsables. La economía ha de basarse en la estructuración de los cuerpos intermedios: sólo así se asegurará la justicia en el intercambio económico, lo que determinará el interés de todos por mantener el vínculo societario. La autoridad de la sociedad ha de ser firme y duradera y no puede quedar librada al capricho de los grupos o individuos que la componen.
Esta concepción de una política fundada en la estabilidad de instituciones naturales ofrece una garantía contra el liberalismo y contra el socialismo. La escuela política de Charles Maurras constituyó en Francia el gran baluarte contra la Revolución en el primer cuarto del siglo en que vivimos. Así lo comprendió el gran Pontífice San Pío X y, en consecuencia, no dejó de prodigarle su generoso apoyo en contra de los intentos del socialismo, disfrazado entonces de un tinte cristiano. No sólo Roma lo apoyó, sino que se erigió en enemiga implacable del sillonismo, su enemigo. Marc Sangnier, en efecto, con su movimiento "Le Sillon" (El Surco), ejercía una morbosa influencia sobre los jóvenes franceses, inflamando sus corazones en el amor de causas seductoras pero funestas (23). San Pío X los condenó en NOTRE CHARGE APOSTOLIQUE, donde al mismo tiempo establece el verdadero peligro del democratismo y del socialismo. Allí, el Santo Pontífice denuncia la nivelación de clases, una falsa exaltación de la persona humana, la soberanía popular, advirtiendo que los verdaderos amigos del pueblo no son ni revolucionarios ni innovadores, sino tradicionalistas (24).
Sin embargo, los enemigos de Maurras no dejaban de intrigar tanto en el Episcopado francés como en la misma Roma, y habían conseguido que la Congregación del INDEX preparara un documento condenando a Maurras. Porque hay que observar que, aunque la escuela política de L'ACTION FRANÇAISE fuera inobjetable en su doctrina política, sin embargo su fundador y director indiscutido, Charles Maurras, era hombre de ideas perversas y anticristianas. Empero, el elemento más preclaro de L'ACTION FRANÇAISE lo constituían católicos ejemplares. No solamente esto, sino que L'ACTION FRANÇAISE servía de puente para que muchos incrédulos se convirtieran y entraran en la Iglesia.
Pero San Pío X advirtió con sagacidad que se quería producir la condenación de L'ACTION FRANÇAISE no por las ideas impías de su fundador y director, sino por su concepción sana y antidemocratista de la política. Por esto se opuso a su condenación y guardó en su cajón particular el decreto del Santo Oficio y manifestó que mientras él viviera, L'ACTION FRANÇAISE no sería condenada. Llegó a más todavía. A la madre de Maurras, que en 1911 estuvo arrodillada ante él, pidiéndole la bendición para su hijo, aquél le dijo: Bendigo su obra; ella tendrá éxito.
Durante el Pontificado de Benedicto XV volvieron a arreciar los ataques contra Charles Maurras y su ACTION FRANÇAISE, pero Benedicto XV siguió en este punto las normas de su ilustre predecesor.
Las cosas habían de cambiar en el Pontificado de Pío XI. El asunto sería largo de explicar porque la maniobra fue astutamente urdida. El Cardenal Andrieu, Arzobispo de Burdeos, inició la campaña con una "vergonzosa requisitoria", en opinión del Cardenal Billot. Allí se acusaba a los dirigentes de L'ACTION FRANÇAISE de profesar errores sobre Dios, la divinidad de Jesucristo y sobre la Iglesia. Pero la maquinación no hubiera surtido efecto si Aristides Briand no hubiera vuelto a tomar la dirección de las relaciones con el Vaticano en el Quai d'Orsay, y desde allí no hubiera maniobrado sirviéndose del Nuncio en París.
La maniobra estuvo tan bien urdida que se llegó a fabricar y a hacer llegar a Pío XI para la lectura diaria una ACTION FRANÇAISE "de fantasía, fabricada con grandes gastos para irritarle y llenarlo de horror" (25).
Todo lo que siguió fue efecto de la maniobra. Pío XI, ante la lectura de ejemplares perversos, preparados especialmente para indisponerlo con L'ACTION FRANÇAISE, la condenó, imponiendo sanciones severas a quienes pertenecían a ella o se entregaban a la lectura de sus publicaciones.
Como lo reconoció el mismo Maurras más adelante (26), L'ACTION FRANÇAISE debió evitar el conflicto formal con las autoridades espirituales y así cubrirse de toda apariencia de insubordinación. Esto debió haberlo hecho a todo precio. Pero no sólo no lo hizo, sino que desató una polémica envenenada y envenenadora que debía desgarrarlos y que, envenenándose, debía envenenar nuestros males. (27)
El asunto de L'ACTION FRANÇAISE fue un asunto ruidoso que debía trastornar radicalmente las posiciones de la Iglesia en Francia y consiguientemente en el mundo. Los efectos debían palparse con el correr de los años. El ejemplo típico fue el caso Maritain. Este filósofo que venía del bergsonismo estaba entonces entregado con devoción singular al tomismo. Había escrito en ese tiempo un libro que definía su estado de espíritu, ANTIMODERNO. Pero el drama de L'ACTION FRANÇAISE actuó como un poderoso revulsivo que le hizo mudar de posición. Desde entonces comenzó a seguir otra línea intelectual en doctrina política y en la valorización de la civilización para acabar en vulgar democratista, seguidor de Lamennais y de Marc Sangnier (28).
Lo que pasó con Maritain sucedió igualmente con el catolicismo francés y aun con el mundial. Detrás de Maritain vino un conductor de juventudes, inquieto e inflamado, Emmanuel Mounier, que orientó a las nuevas generaciones por el personalismo, nombre que se dio al nuevo socialismo para uso de los cristianos. Mounier y su revista ESPRIT arrastraron tras de sí y de su funesta empresa a Chenu y a Congar, quienes debían efectuar la liquidación del catolicismo tradicional y sustituirlo por un progresismo delicuescente y disolvente. Todo ello debía terminar en las posiciones secularistas y marxistas de hoy. El hecho cierto es que la condenación de L'ACTION FRANÇAISE en 1926 trastornó radicalmente la suerte del catolicismo francés y del mundo.
Mientras tanto, las relaciones de L'ACTION FRANÇAISE con el Vaticano fueron entrando en una situación cada vez más benévola. Aquí intervinieron las oraciones y las recomendaciones de las santas hermanas de Lisieux, quienes aprovecharon sobre todo la visita que les hizo el entonces Cardenal Pacelli, luego el gran Pío XII, para pedirle como un favor especialísimo el levantamiento de las sanciones contra L'ACTION FRANÇAISE. Estas fueron levantadas por Pío XII el 13 de julio de 1939.
Charles Maurras, condenado a prisión perpetua por un tribunal que lo acusaba de colaboracionista, se convirtió totalmente al catolicismo.
¿Qué pensar de la doctrina de L'ACTION FRANÇAISE a la luz de la enseñanza católica? Nos limitamos exclusivamente a este punto, sin entrar al análisis de los peligros que puede correr un católico por seguir a un maestro incrédulo aunque sólo lo haga en su doctrina política que en este caso sería inobjetable.
Para responder a esta cuestión, vamos a seguir los puntos que expresa el mismo Maritain en su opúsculo UNE OPINION SUR CHARLES MAURRAS ET LE DEVOIR DES CATHOLIQUES, Plon, París, 1926.
1. El empirismo organizador. Sabido es que el método que sigue en sus elucubraciones Charles Maurras lo califica de empirismo organizador. De aquí se sigue que sus ideas políticas no derivan de una ética y mucho menos de una metafísica, sino de la observación histórica dirigida a una situación concreta. Estudia las causas próximas que explican la salud de una situación política, o, por el contrario, su corrupción y decadencia. Aunque no participa del positivismo filosófico de un Comte, sigue sus observaciones en lo que se refiere al gobierno del pensamiento, de las costumbres y aun de la ciudad misma. Sus ideas políticas se presentan como un conjunto de conclusiones adquiridas por vía inductiva y como comprobaciones inmediatas de la razón. Procediendo de una manera empírica e inductiva, pide a la observación y a la historia el responder a la cuestión siguiente: ¿existen condiciones generales y constantes, y cuáles son, que determinan la decadencia y corrupción del cuerpo social? ¿Qué hay que pensar de este empirismo organizador? Mientras se limite a sacar las consecuencias implicadas en las premisas, no hay nada que censurar. Es el método que tan sabiamente siguió Le Play para determinar las condiciones morales de la vida de las sociedades. Si la historia es maestra de la vida, estudiarla con esta dedicación no puede ser más legítimo y aleccionador.
2. La democracia. — Una cosa es la democracia entendida en el sentido de la politeia, de Aristóteles y otra en el sentido moderno, inficionarla con el mito de la soberanía popular del Contrato Social de Rousseau. Y es claro que la democracia de hoy, aunque teóricamente puede ser una forma legítima de gobierno, en la práctica ha dejado de serlo porque el mito rousseauniano la ha contaminado. Las críticas de Maurras son entonces legítimas.
3. Primero, la política, es decir, politique d'abord. — Se ha acusado a L'ACTION FRANÇAISE de dar primacía a la política sobre todo otro valor moral. Pero aquí hay que advertir que una u otra primacía se impone según sea el punto de vista desde el cual se consideren las cosas. Es claro que en una apreciación de la importancia de los valores corresponde la primacía al valor religioso; pero si se consideran las cosas desde el punto de vista de la necesidad y de la vigencia de la moral pública, entonces hay que dar primacía a la política. Porque es el cumplimiento de las leyes que aseguran las buenas costumbres lo que ofrece garantía de seguridad y de salud moral. Por esto, el mismo Maritain sostiene que política primero — si "primero" se refiere así, no al fin perseguido y al orden de la intención (lo que sería divinizar al Estado) sino a las condiciones que hay que suponer en el orden de la ejecución, es una verdad de sentido común (29).
El mismo Maurras ha explicado en MIS IDEAS POLÍTICAS (30) cuando dice: "Cuando decimos «ante todo, política», queremos decir: la política primero, primera en el orden del tiempo, de ninguna manera en el orden de la dignidad. Equivale a decir que la ruta debe tomarse antes de llegar a su punto terminal; la flecha y el arco deberán empuñarse antes de dar en el blanco; el medio de acción precederá el centro a que se lo destina".
4. Política y política cristiana. — Hay que reconocer los méritos de la doctrina política de Charles Maurras en cuanto ha usado un método y principios realistas que lo han llevado a defender valores fundamentales de un realismo político y lo han librado de caer en los errores del liberalismo rousseauniano. Su política ha constituído una política sana, lo cual es mucho pedir en un tiempo de delincuencia y de degradación de la vida pública. Pero, sin embargo, hemos de reconocer que si tenemos en cuenta que la política ha de regir a hombres y sociedades cristianas que no han de acomodar su vida a un módulo puramente natural sino al sobrenatural de la vida eterna; entonces, hay una insuficiencia en Maurras. Su política, por insuficiente, podrá ser calificada de natural o de naturalista.
No hay duda que resulta algo anormal que un incrédulo sea el mentor de una política para cristianos. Esta insuficiencia, si de algún modo no era reparada, iba a hacer crisis dentro de L'ACTION FRANÇAISE misma.
Sin embargo — y esto lo vio sagazmente el gran Pío X — los ataques contra L'ACTION FRANÇAISE no se llevaron contra esta carencia en un deseo noble de ponerle remedio, sino al contrario, por lo que L'ACTION FRANÇAISE representaba de valioso y de conforme con la ley natural Se la atacaba porque era una política de autoridad y de orden.
Aquí radica la diferencia entre un Pontífice santo y otro que no lo es, aunque pueda ser muy virtuoso. El santo está dotado de una prudencia sobrenatural que discierne la malicia del enemigo en cosas al parecer inocentes. Por esto San Pío X ha podido decir a un obispo francés que se empeñaba en lograr la condenación de L'ACTION FRANÇAISE: Nos tenemos aquí, querido hijo, todo lo que hace falta para condenarlo. Pero nosotros estamos seguros de que las personas que nos han documentado tan bien han actuado menos por amor y celo de la santa religión que por odio de las doctrinas sostenidas por L'ACTION FRANÇAISE. Después, cerrando con un golpe seco el cajón del escritorio, Pío X añadió: —Así, mientras yo viva, jamás será la A. F. condenada. Ella hace bien. Ella defiende el principio de autoridad. Ella defiende el orden (31).
San Pío X se constituyó en defensor de Charles Maurras. Pío XI condenó a Maurras. Pero otro pontífice que, sin duda, ha de ser exaltado a los altares, Pío XII, levantó la condenación de Maurras, y ello sin exigir a los de L'ACTION FRANÇAISE la menor retractación de ningún error determinado. Sólo hubo un cambio de cartas en términos generales. ¿Cómo se explica todo esto? Por el discernimiento de los espíritus que ilumina a los santos. Un santo y sólo un santo, Pío XII, comprende e interpreta a otro santo, a San Pío X. Así lo ha manifestado el mismo Pío XII en el discurso que pronunció el 3 de junio de 1951 en la plaza de San Pedro en ocasión de la beatificación del gran Pontífice. Ahora, dijo entonces, que el examen más minucioso ha descubierto a fondo todos los actos y vicisitudes de su pontificado, ahora que se conocen las consecuencias de aquellas vicisitudes, ninguna duda, ninguna reserva es ya posible, y se debe reconocer que, aun en las períodos más difíciles, más ásperos, más graves y de más responsabilidad, Pío X, asistido por la gran alma de su secretario de Estado, el Cardenal Merry del Val, dio prueba de aquella iluminada prudencia que nunca falta en los santos, aunque en sus aplicaciones se encuentre en contraste doloroso, pero inevitable, con los engañosos postulados de la prudencia humana y puramente terrestre. Y luego, añadía: Con su mirada de águila, más perspicaz y más segura que la corta vista de miopes razonadores, veía el mundo tal como era, veía la misión de la Iglesia en el mundo, veía con ojos de Santo Pastor cuál era su deber en el seno de una sociedad descristianizada, de una cristiandad contaminada, o, al menos, acechada por los errores de la época y por la perversión del siglo (32).
La mirada de águila de San Pío X vio claro en el asunto de L’ACTION FRANÇAISE y de Charles Maurras. Cierto que la incredulidad religiosa de Maurras, que había perdido la fe en su juventud, ha alcanzado un grado de sacrílega impiedad y de blasfemia en obras como ANTHINEA y LE CHEMIN DE PARADIS. Pero el programa de acción política contra el demoliberalismo de la Revolución forjado por Maurras ofrecía garantías para una firme restauración social política en la línea católica. Su ACTION FRANÇAISE era, en el plano político, una defensa de la Iglesia contra la Revolución. A Camille Bellaigne, que pedía una bendición para Maurras, le respondió San Pío X: ¡Nuestra bendición! ¡Pero todas nuestras bendiciones! Y decidle que es un buey defensor de la Fe" (33).
19 Artículo inédito escrito en el año 1972 (N. del E.).
20 LE BIENHEUREUX PIE X, SAUVEUR DE LA FRANCE, Plon, 1953, París, pág. 219 (N. de A.).
21 Ibid. P. XVIII (N. del A.).
22 Santo Tomás IN POLITICORUM, Marietti, 1951, Nº. 11 (N. del A.).
23 NOTRE CHARGE APOSTOLIQUE, Encíclicas Pontificas, Guadalupe, 1965, T. I, p. 2271 (N. del A.).
24 Ibid., p. 2285 (N del A.)
25 LE BIENHEUREUX PIE X, SAUVEUR DE LA France, p. 13 (N. del A..)
26 Ibid., p. 140 (N. del A.).
27 Ibid., p. 140 (N. del A.).
28 Ver mi DE LAMENNAIS A MARITAIN, teoría, 1967 (N. del A.).
29 UNE OPINION SUR CHARLES MAURRAS, ibid., p. 32 (N. del A.).
30 Editorial Huemul, Buenos Aires, pág. 139 (N. del A.).
31 Charle Maurras, LE BIENHEUREUX PIE X, SAUVEUR DE LA FRANCE, p. 72 (N. del A.).
32 Ecclesia, de Madrid, 9 de junio de 1951 (N. del A.).
33 Harry Mitchell, PIE X ET LA France, Les Editions du Cédre, Paris, 1954. (N. del A.).