
por el Dr. Enrique Díaz Araujo
Tomado de La Enciclopedia y el Enciclopedismo
Ediciones OIKOS, Buenos Aires, 1983
Contenido
Hay filósofos hasta en los tenduchos.
VOLTAIRE
El único que sufre es el papel.
CATALINA LA GRANDE a DIDEROT

VOLTAIRE
El único que sufre es el papel.
CATALINA LA GRANDE a DIDEROT

l mayor historiador del Iluminismo, el egregio Paul Hazard, ha indicado que el punto de arranque de estas doctrinas es "el proceso del cristianismo". Así lo resume: "El espectáculo a que hemos asistido es éste: primero se alza un gran clamor crítico; los recién llegados reprochan a sus antecesores no haberles transmitido más que una sociedad mal hecha, toda de ilusiones y sufrimientos; un pasado secular sólo ha llevado a la desgracia; y, ¿por qué? De este modo entablan públicamente un proceso de tal audacia que sólo algunos hijos extraviados habían establecido oscuramente sus primeras piezas; pronto aparece el acusado: Cristo. El siglo XVIII no se contentó con una Reforma; lo que quiso abatir es la Cruz, lo que quiso borrar es la idea de una comunicación de Dios con el hombre, de una revelación; lo que quiso destruir es una concepción religiosa de la vida... Estos audaces también reconstruirían; la luz de su razón disiparía las grandes masas de sombra de que estaba cubierta la Tierra; volverían a encontrar el plan de la naturaleza y sólo tendrían que seguirlo para recobrar la felicidad perdida. Instituirían un nuevo derecho, que ya no tendría que ver nada con el derecho divino; una nueva moral, independiente de toda teología; una nueva política que transíormaría a los subditos en ciudadanos. Para impedir a sus hijos recaer en los errores antiguos darían nuevos principios a lu educación. Entonces el cielo bajaría a la Tierra" (10).
Por lo tanto, su primer contenido es la negación; el repudio de la visión teocéntrica del mundo. Los "contra", expone Hazard, se reiterarán: "Contra la primera revelación. . . Contra el Pentateuco .. . Contra la Biblia. Contra los milagros y con sus testigos... Contra Jehová, vengativo, cruel, injusto... Contra los Evangelistas, pobres pescadores ignorantes; contra el Evangelio; incluso contra la persona de Jesús. Contra la Iglesia y contra sus dogmas; contra los misterios; contra la idea misma del pecado original, que pretendía haber afectado a todos los hijos de Adán. Contra la organización de la Iglesia, los sacramentos, el bautismo, la confesión, la comunión, la misa. Contra los monjes y las religiosas, contra los sacerdotes, contra los obispos, contra el Papa. Contra la moral cristiana y contra los Santos; contra las virtudes cristianas y contra la caridad. Contra la civilización cristiana, contra la Edad Media, época gótica, época de tinieblas; contra las Cruzadas, locura... De pronto tomaban la actitud de Padres de la Iglesia para reprochar a los cristianos no vivir según su propia ley; y al instante siguiente se mofaban de esa ley" (11). Egon Friedell participa del criterio expuesto al decir: "Sería un error muy grave pensar que, ya en el marco de la Ilustración francesa, se haya librado una batalla consciente contra la aristocracia y contra la monarquía; por el contrario, el objetivo de los ataques polémicos de la Ilustración fue casi exclusivamente laIglesia" (12).
El "divino marqués de Sade", quintaesencia del Iluminismo, formulará así el ateísmo común de esa élite: "El único error que no puedo perdonar a los hombres es la idea de Dios. Dios ha muerto porque no ha existido nunca" (13).Diderot se quejaba contra el "Cristo sombrío y triste. Sin la religión —añadía— seríamos un poco más alegres". Otros recurrían al "dios inmanente" de Spinoza, para concluir que Dios es razón. Y como "la Revelación pertenece al orden de los milagros y la razón no admite milagros... la religión no es más que superstición. . . por consiguiente, es menester que la razón ataque a esa superstición vivaz y la destruya". "¿Para qué sacramentos, ritos, iglesias, templos, mezquitas? La isla de la razón sería bella sin cúpulas ni campanarios. ¿Para qué sacerdotes o pastores? Dios sólo puede ser honrado por el culto interior que reside en el alma". Para otros, tampoco esto es necesario. "No existe la virtud si se admiten los dioses", dirá Sylvain Maréchal. "En consecuencia, las nuevas virtudes nada tienen que ver con las antiguas. Ellas, en definitiva, serán sólo tres: la tolerancia, la beneficencia y la humanidad" (14). Pedro Bayle, el precursor del criticismo teológico, filosófico, histórico y moral, proponía como virtud suprema la de la incertidumbre: "El mejor medio de no ponerse jamás en contradicción consigo mismo consiste en no afirmar nunca nada". Escepticismo metafísico que al bajarlo al plano se trueca en "tolerancia": "en lugar de controversias, tolerancia ... Todas las religiones positivas valen lo mismo y da lo mismo una que otra. Ninguna presenta pruebas de su verdad. .. vale más no tener ninguna religión que tener una falsa" (15). El barón d'Holbach, gran banqueteador de los enciclopedistas, preferirá un ateísmo materialista. El hombre "no es más que un ser puramente físico, es la obra de la naturaleza; existe en la naturaleza y está sometido a sus leyes, de las cuales no puede emanciparse ni salir, ni siquiera por el pensamiento". En tales condiciones, Dios no sería sino "una máquina para complicar las cosas. Todas las religiones positivas no son más que supersticiones, prejuicios e intolerancias. La única religión verdadera consiste en el culto a la naturaleza soberana de todos los seres. La verdadera felicidad se hallará en una sociedad de ateos, sin ninguna religión" .(16)
Por tales motivos, Kechekian y Fedkin, miembros de la Academia de Ciencias de la URSS, estiman que estos razonamiento» de Holbach "fueron progresistas" y que, como "las concepciones do Holbach eran progresistas en muchos aspectos y contribuyeron al desmoronamiento de la arbitrariedad, la tiranía y el oscurantismo del régimen feudal", son muy plausibles para los soviéticos; destacando entre sus enseñanzas, "especialmente, el carácter combativo de su ateísmo, que lo distingue radicalmente de entre el grupo de filósofos franceses del siglo XVIII" (17).
Pero será Voltaire el supremo sacerdote de esta religión recular.
El es demasiado fino para compartir las groserías de Holbach, y prefiere apoltronarse en un cómodo deísmo o teísmo, cuya principal virtualidad consistiría en contener los ímpetus del bajo pueblo, al que desprecia. Su lema hasta la muerte será: Ecrassez l'infame! Destruid a la infame Iglesia Católica. "Jesucristo —dirá— necesitó doce apóstoles para propagar el cristianismo. Yo voy a demostrar que basta uno solo para destruirlo".
"Es un magnífico escritor —indica Guillermo Fraile—, poeta, novelista, autor dramático, historiador. Posee un ingenio finísimo, rápido, chispeante, una vena satírica inigualada, la gracia y la vivacidad de una expresión clara, flexible, dócil a todos los matices de su voluntad". Pero es también, "un panfletario brillante y corrosivo, un polemista terrible, rencoroso y vengativo, en cuya pluma la ironía, el sarcasmo y el cinismo se convierten en armas formidables". "No es propiamente un filósofo. Maneja pocas ideas, elementales y superficiales. . . fue un vulgarizador insuperable de las ideas de Locke y los deístas ingleses, y contribuyó corno nadie a difundir el librepensamiento y la incredulidad"(18).
El es demasiado fino para compartir las groserías de Holbach, y prefiere apoltronarse en un cómodo deísmo o teísmo, cuya principal virtualidad consistiría en contener los ímpetus del bajo pueblo, al que desprecia. Su lema hasta la muerte será: Ecrassez l'infame! Destruid a la infame Iglesia Católica. "Jesucristo —dirá— necesitó doce apóstoles para propagar el cristianismo. Yo voy a demostrar que basta uno solo para destruirlo".
"Es un magnífico escritor —indica Guillermo Fraile—, poeta, novelista, autor dramático, historiador. Posee un ingenio finísimo, rápido, chispeante, una vena satírica inigualada, la gracia y la vivacidad de una expresión clara, flexible, dócil a todos los matices de su voluntad". Pero es también, "un panfletario brillante y corrosivo, un polemista terrible, rencoroso y vengativo, en cuya pluma la ironía, el sarcasmo y el cinismo se convierten en armas formidables". "No es propiamente un filósofo. Maneja pocas ideas, elementales y superficiales. . . fue un vulgarizador insuperable de las ideas de Locke y los deístas ingleses, y contribuyó corno nadie a difundir el librepensamiento y la incredulidad"(18).
Este hombre, que fuera llamado "el genio del odio" o "el anticristo" por Diderot, aplicó su inteligencia práctica a la labor panfletaria. Desde su lujosa residencia de Ferney "salían —dice Hazard— incansablemente libelos donde se manifestaban a la vez el genio del artista y el celo del sectario. Su negación la expresaba no diez veces, ni ciento, sino bajo mil formas diferentes; de suerte que la obsesión, carácter general del siglo, se convertía en él en un modo de ser: no quería, no podía ya desprenderse de ella. La Biblia no tenía grandeza ni belleza; el Evangelio sólo había traído desgracia a la Tierra; la Iglesia, entera y sin excepción, era corrupción o locura; los más puros, los más nobles eran arrastrados por el lodo; el mismo San Francisco de Asís era despojado de su dulce aureola y se convertía en un pobre loco. Simplificación caricaturesca; voluntad de no entrar nunca en las razones del adversario, que había que callar o desfigurar; incansable repetición: tales eran algunos de sus procedimientos. Cuando se lee uno de los sermones, catecismos, discursos, diálogos, cuentos que lanzaba a manos llenas por el mundo... se percibe el mecanismo del propagandista... Su arma favorita era la ironía. . . Legaba esa ironía a una estirpe inhábil y grosera, que adquiriría la costumbre de reírse ante lo que no comprendía" (19).
Fue también el maestro de la duda metódica, del criticismo sistemático. En su artículo para la Enciclopedia "¿Qué es la verdad?" respondía: "De las cosas más seguras, la más segura es dudar". Fue, además, el prototipo universal del masón, aunque su incorporación a las sectas fue tardía. Por entonces los masones formulaban en verso su catecismo: "Por un camino cubierto de mil flores, / El francmasón recorre la vida / Buscando el placer, huyendo de los dolores. / De la moral de Epicuro / Sigue siempre las dulces leyes..."(20). Y por esos lazos masónicos, Voltaire se convirtió también en el inventor de ese curioso fenómeno denominado "el despotismo ilustrado". Gracias a su correspondencia con varios soberanos de Europa, con José I de Austria, con el ministro Pombal de Portugal, con el ministro Aranda de España, con María Teresa de Austria, con María Carolina de Nápoles y sobre todo con Federico II de Prusia (al que llamó "el Salomón del Norte") y con Catalina la Grande de Rusia (a la que denominó "la Semíramis del Norte"), el antiguo despotismo se transformaba en un despotismo "ilustrado". "Era —comenta Hazard— una figura de minué: reverencia de los príncipes a los filósofos y de los filósofos a los príncipes". Y de la que las actas de la Logia de las Nueve Hermanas de París podrían revelar mucho (21). Pero por sobre todas las cosas, "Voltaire seguirá siendo el crítico destructor de las costumbres clásicas y cristianas. Los "prejuicios" y las "supersticiones", como con él, las seguirán llamando todos los revolucionarios modernos.
Contra el tradicionalista Bossuet, Voltaire proclama quo "los tiempos pasados son como si nunca hubieran existido" (22). Y ésta es suficiente razón para que los propagandistas oficiales del Soviet lo alaben. "En sus obras —dicen— arranca la máscara a las diversas locuras de superstición de que está colmada la Biblia. Su lenguaje se vuelve mordaz y lleno de sarcasmo; ira y odio cuando habla de la Iglesia Católica y de su religión... La religión, desde el punto de vista de Voltaire, es un grandioso engaño con fines lucrativos; el cristianismo no es ninguna excepción ... Se manifiesta enérgicamente contra la Iglesia Católica, contra las fechorías del clero, contra el oscurantismo y el fanatismo. .. fue un notabilísimo filósofo... (que) considera que la Iglesia Católica es el principal obstáculo para todo progreso" (23). No obstante, este anticlerical enragée dirá: "Prefiero que mi procurador, mi sastre y mis criados crean en Dios, pues pienso que de esta manera me robarán menos", consejo que el pueblo ruso —adoctrinado en el volterianismo— podría predicar para sus gobernantes... Lo cierto es que, como dicen dos encendidos discípulos suyos, Voltaire era "un militante anticristiano" que "se lanza contra el enemigo con toda su fuerza: lo aplastará bajo la contundencia de sus argumentos, sarcasmos, injurias y mentiras. Este paradójico campeón de la tolerancia se abandona al fanatismo de un odio salvaje... Voltaire hace, pues, uso de la razón, pero sin mostrarse jamás razonable". Y son ellos mismos (Goulemot y Launay) quienes traen la cita de sus famosos consejos: "Tirad la piedra y esconded la mano" (mayo de 1761), y "Hay que mentir como un diablo, no tímidamente, no durante sólo un tiempo, sino descaradamente y siempre" (a Thiriot, 21 de octubre de 1736). Si a ello le unimos su definición sobre el gobierno (expresada en el Diccionario filosófico, A, B, C): "Yo sólo pienso en la aristocracia; el pueblo no es digno de gobernar. No podría soportar que mi peluquero fuese legislador", y la que da sobre la razón: "He interrogado a mi razón. Le he preguntado qué era. Y esta pregunta la ha sumido siempre en la confusión" (24), se comprenderá mejor el entusiasmo que por él sienten los miembros de la "nueva clase" revolucionaria soviética.
(10) HAZARD, PAUL: El pensamiento europeo en el siglo XVIII, Madrid, Guadarrama, 1958, p. 16.
(11) HAZARD, PAUL: op. cit., pp. 95, 96.
(12) FRIEDEL, EGON: Aufklarung und Revolution, Munchen, 1961, p. 70; cit. por PLEBE, ARMANDO: ¿Qué es verdaderamente la Ilustración?, Madrid, Doncel, 1971, p. 119.
(13) GOULEMOT, JEAN-MARIE, y LAUNAY, MICHEL: El Siglo de las Luces, Madrid, Guadarrama, 1969, pp. 328, 329.
(14) HAZARD, PAUL: op. cit, pp. 74, 76, 89, 155, 169, 223 y 225.
(15) FRAILE, GUILLERMO: O. P., Historia de la filosofía, T. III, Del Humanismo a la Ilustración, Madrid, B.A.C., 1961, pp. 872, 874 y 876.
(16) FRAILE, GUILLERMO: op. cit., pp. 911, 912.
(17) KECHEKIAN, S. F., y FEDKIN, G. I.: Historia de las ideas políticas. Desde la antigüedad hasta nuestros días, Buenos Aires, Cartago, 1958, p. 2W.
(18) FRAILE, GUILLERMO: op. cit., pp. 883, 884.
(19) HAZARD, PAUL: op. cit., pp. 514, 515.
(20) HAZARD, PAUL: op. cit., p. 342.
(21) HAZARD, PAUL: op. cit., p. 415.
(22) PLEBE, ARMANDO: op. cit., pp. 14, 15.
(23) KECHEKIAN, S. F., y FEDKIN, G. I.: op. cit., pp. 227, 226.
(24) GOULEMOT, JEAN-MARIE, y LAUNAY, MICHEL: op. cit., pp. 16, 114, 115, 116, 110, 111, 126 y 181. Estos autores se declaran "continuadores de la Ilustración", p. 343.
(25) HAZARD, PAUL: op. cit., pp. 265, 266, 262, y 265.
(26) FALCIONELLI, ALBERTO: op. cit., p. 114.
(27) PLEBE, ARMANDO: op. cit., p. 33.
(28) KECHEKIAN, S. P., y FEDKIN, G. I.: op. cit., p. 247.
(29) GOULEMOT, JEAN-MARIE, y LAUNAY, MICHEL: op. cit., pp. 187, 333-334, 188.
(30)FRAILE, GUILLERMO: op. cit., pp. 901, 907.
(31) FRAILE, GUILLERMO: op. cit., pp. 913, 915.
(32) FRAILE, GUILLERMO: op. cit., pp. 961, 963.
(33) FRAILE, GUILLERMO: op. cit., p. 916. Cf. HAZARD, PAUL: op. cit., pp. 222-223.
(34) KECHEKIAN, S. F., y FEDKIN, G. I.: op. cit., pp. 251, 249.
(35) GOULEMOT, JEAN-MARIE, y LÁUNAY, MICHEL: op. cit., p. 301.
(36) TALMON, J. L.: Los orígenes..., cit., p. 19.
(37) THEIMER, WALTER: Historia de las ideas políticas, Barcelona, Ariel, sf., pp. 163, 167.
(38) DAWSON, CHRISTOPHER: Progreso y religión, Buenos Aires, La Espiga de Oro, 1943, p. 31.
Tras Voltaire forma la inmensa cohorte de los enciclopedistas y de los "filósofos" del materialismo.
"Europa abriría un nuevo libro de cuentas. Sancti Thomas Aquinatis Summa theologica, in qua Ecclesiae catholicae doctrina universa explicatur; para los filósofos esto era el pasado, sería el olvido; Enciclopédie, ou Dictionnaire des sciences, des arts et des métiers, par una société de gens de lettres, era la aurora y el día. Era menester... hacer el inventario de lo conocido, y para esto examinarlo todo, removerlo todo sin excepción y sin miramientos; pisotear las viejas puerilidades, derribar los ídolos que la razón desaprobaba; y, por el contrario, poner un signo glorioso sobre los valores modernos. Los hijos del siglo querían ser libres. . . Los hijos del siglo serían fieles a sus dioses, la razón, la naturaleza". Querían ser, además, sabios; "pero se trata de serlo a poca costa... se quería aprender la geometría sin tomarse mucho trabajo... y en poco tiempo". "Se veían Resúmenes de todas clases.. . Y Breviarios y Compendios. . . y se deseaba uno que contuviera todos los demás. .. Universal y portátil, éste hubiera sido el ideal... una obra que pudiera hacer las veces de una biblioteca... Un gesto, algunos segundos, el tiempo de buscar una palabra, y los más ignorantes se convertirían en los más instruidos" (25).
Ese fue el rol que desempeñó la Enciclopedia.
Sus directores fueron Diderot y D'Alembert. Diderot, un materialista hedonista, cuyos maestros eran el griego Epicuro y el latino Lucrecio, educado en el colegio de los jesuítas "Louis-le-Grand", pasó del cristianismo al deísmo y de éste al ateísmo para terminar en el panteísmo. D'Alembert, un expósito abandonado en la puerta de una iglesia, educado por los jansenistas, que adoptó el "sensismo" de los utilitaristas ingleses y se caracterizó por su exitosa campaña contra la orden de la Compañía de Jesús, expulsada de Francia en 1764. Y la "honorable" marquesa de Pompadour como financiadora de este compendio de "el saber de los filósofos". "La Enciclopedia —refiere Falcionelli— constituía una empresa razonada contra la religión, un asalto cauteloso contra las instituciones políticas y una tentativa apenas velada de disgregación moral", destinada a satisfacer a un sector de la opinión pública, "con su despliegue de ciencia barata, de ironías fáciles y de inmoralidades elegantes" (26).
Diderot, fue, además, uno de los primeros expositores del evolucionismo total: "Todo cambia, todo pasa. Sólo el todo dura..., éste es el movimiento eterno del mundo", expresa su libro sobre La interpretación de la naturaleza (27). Asimismo, según los exégetas de los dogmas soviéticos, "su odio al despotismo y la defensa de la idea de soberanía popular lo muestran como un pensador progresista y avanzado de su tiempo" (28). Por lo demás, dos virtudes adornaban a este enciclopedista, según Goulemot y Launay: una, que "su vida no carece de mentiras", y otra, el libertinaje moral. Fue el autor de obras de clara pornografía, como Las joyas indiscretas, La religiosa, etc., bajo cobertura ideológica. Así, "imagina una isla de Tahití donde reina la más completa libertad sexual" para defender su moral materialista. Por estas cosas fue definido, estando él aún vivo, como "escritor incorrecto, traductor infiel, metafísico atrevido, moralista peligroso, mal geómetra, físico mediocre, filósofo entusiasta, literato que ha escrito, en fin, muchas obras pero del que no podemos decir que conozcamos un buen libro" (29).
Por sus páginas desfilaron las colaboraciones de Condillac, un ex abad frío, racionalista, que ha escrito un Tratado de las sensaciones, que es "una larga, prolija y tediosa aplicación descriptiva del método analítico". "La mejor medida del nivel filosófico —consigna G. Fraile— nos la da el hecho de que una doctrina tan pobre y ramplona como la del Traité des sensations haya reinado sin rival como evangelio filosófico de Francia" (30). También colaboran el abate Reynal, expulsado de la Iglesia por su conducta simoníaca y poco edificante; el pornógrafo Marmontel; el barón d'Holbach, "anfitrión de la filosofía"; los fisiócratas Turgot, Necker y Quesnay, y los tres "grandes": Voltaire, Montesquieu y Rousseau.
"Europa abriría un nuevo libro de cuentas. Sancti Thomas Aquinatis Summa theologica, in qua Ecclesiae catholicae doctrina universa explicatur; para los filósofos esto era el pasado, sería el olvido; Enciclopédie, ou Dictionnaire des sciences, des arts et des métiers, par una société de gens de lettres, era la aurora y el día. Era menester... hacer el inventario de lo conocido, y para esto examinarlo todo, removerlo todo sin excepción y sin miramientos; pisotear las viejas puerilidades, derribar los ídolos que la razón desaprobaba; y, por el contrario, poner un signo glorioso sobre los valores modernos. Los hijos del siglo querían ser libres. . . Los hijos del siglo serían fieles a sus dioses, la razón, la naturaleza". Querían ser, además, sabios; "pero se trata de serlo a poca costa... se quería aprender la geometría sin tomarse mucho trabajo... y en poco tiempo". "Se veían Resúmenes de todas clases.. . Y Breviarios y Compendios. . . y se deseaba uno que contuviera todos los demás. .. Universal y portátil, éste hubiera sido el ideal... una obra que pudiera hacer las veces de una biblioteca... Un gesto, algunos segundos, el tiempo de buscar una palabra, y los más ignorantes se convertirían en los más instruidos" (25).
Ese fue el rol que desempeñó la Enciclopedia.
Sus directores fueron Diderot y D'Alembert. Diderot, un materialista hedonista, cuyos maestros eran el griego Epicuro y el latino Lucrecio, educado en el colegio de los jesuítas "Louis-le-Grand", pasó del cristianismo al deísmo y de éste al ateísmo para terminar en el panteísmo. D'Alembert, un expósito abandonado en la puerta de una iglesia, educado por los jansenistas, que adoptó el "sensismo" de los utilitaristas ingleses y se caracterizó por su exitosa campaña contra la orden de la Compañía de Jesús, expulsada de Francia en 1764. Y la "honorable" marquesa de Pompadour como financiadora de este compendio de "el saber de los filósofos". "La Enciclopedia —refiere Falcionelli— constituía una empresa razonada contra la religión, un asalto cauteloso contra las instituciones políticas y una tentativa apenas velada de disgregación moral", destinada a satisfacer a un sector de la opinión pública, "con su despliegue de ciencia barata, de ironías fáciles y de inmoralidades elegantes" (26).
Diderot, fue, además, uno de los primeros expositores del evolucionismo total: "Todo cambia, todo pasa. Sólo el todo dura..., éste es el movimiento eterno del mundo", expresa su libro sobre La interpretación de la naturaleza (27). Asimismo, según los exégetas de los dogmas soviéticos, "su odio al despotismo y la defensa de la idea de soberanía popular lo muestran como un pensador progresista y avanzado de su tiempo" (28). Por lo demás, dos virtudes adornaban a este enciclopedista, según Goulemot y Launay: una, que "su vida no carece de mentiras", y otra, el libertinaje moral. Fue el autor de obras de clara pornografía, como Las joyas indiscretas, La religiosa, etc., bajo cobertura ideológica. Así, "imagina una isla de Tahití donde reina la más completa libertad sexual" para defender su moral materialista. Por estas cosas fue definido, estando él aún vivo, como "escritor incorrecto, traductor infiel, metafísico atrevido, moralista peligroso, mal geómetra, físico mediocre, filósofo entusiasta, literato que ha escrito, en fin, muchas obras pero del que no podemos decir que conozcamos un buen libro" (29).
Por sus páginas desfilaron las colaboraciones de Condillac, un ex abad frío, racionalista, que ha escrito un Tratado de las sensaciones, que es "una larga, prolija y tediosa aplicación descriptiva del método analítico". "La mejor medida del nivel filosófico —consigna G. Fraile— nos la da el hecho de que una doctrina tan pobre y ramplona como la del Traité des sensations haya reinado sin rival como evangelio filosófico de Francia" (30). También colaboran el abate Reynal, expulsado de la Iglesia por su conducta simoníaca y poco edificante; el pornógrafo Marmontel; el barón d'Holbach, "anfitrión de la filosofía"; los fisiócratas Turgot, Necker y Quesnay, y los tres "grandes": Voltaire, Montesquieu y Rousseau.
Aunque no colaboren también serán considerados como "enciclopedistas" la pléyade de escritores materialistas que por sí y ante sí se han otorgado el título de "filósofos". Como la lista es larga sólo nos referiremos a los más notorios. Fontenelle, educado también por los jesuítas (en una larga tradición que va de Voltaire a Fidel Castro), escribirá en 1683 los Diálogos de los muertos, donde propone el hedonismo como ideal filosófico, ya que "el único bien de la vida es el placer", que consiste en "gozar tranquilamente del presente y continuar su goce hasta el fin" (para su desgracia no pudo conocer las conclusiones de la moderna psicología empírica, acerca de la imposibilidad de un goce indefinido). Helvetius, difusor del epicureismo como el anterior, y para quien "el hombre es una máquina que, puesta en movimiento por la sensibilidad, debe hacer todo cuanto ella ejecuta... todo juicio no es más que una sensación... todas las inteligencias son iguales... los motores del hombre son el placer y el dolor físico ... todas las pasiones deben ser fomentadas... La única ley natural consiste en buscar el placer y evitar el dolor. El amor propio es el fundamento de la conducta humana. El mejor medio de producir el bien del individuo y de la sociedad es despertar y excitar el egoísmo de cada uno... el único fin de la vida es el placer... no hay vida futura. El infierno no existe y el cielo está en la Tierra" (31).
Dos ex curas: Morelly, autor del Código de la naturaleza, y Mably, que sostienen la tesis de la organización espartana a lo Licurgo, y que se declaran comunistas, puesto que "la propiedad es la causa de todos los males; donde no exista la propiedad, tampoco se encontrarán sus perniciosas consecuencias" (32). Saint-Lambert, que disfrutó de la intimidad de las amantes de Voltaire y de Rousseau, y que en su Catecismo universal definió así la moral de su siglo: "Pregunta: ¿Qué es el hombre? Respuesta: Un ser sensible y racional. P.: ¿ Qué debe hacer como ser sensible y racional? R.: Buscar el placer y evitar el dolor. P.: ¿Qué entendéis por felicidad? R.: Un estado duradero en que se experimenta más placer que dolor. P.: ¿ Qué hay que hacer para obtener ese estado? R.: Tener razón y guiarse por ella. P.: ¿ Qué es la razón ? R.: El conocimiento de las verdades útiles para nuestra felicidad" (33). O sea: una petición de principios desde el punto de vista lógico, un imposible desde el punto de vista psicológico, un vacío metafísico y una monstruosidad ética. Un genuino "catecismo" para la Ilustración. Es decir, para el conjunto abigarrado de sus colegas: Mapertuis, Maréchal, Robinet, Monnet, Boulanger, Chasseboeuf, Constant, Martin, Destutt de Tracy, La Mettrie, Grimm, Le Condamine, etc.
Dos ex curas: Morelly, autor del Código de la naturaleza, y Mably, que sostienen la tesis de la organización espartana a lo Licurgo, y que se declaran comunistas, puesto que "la propiedad es la causa de todos los males; donde no exista la propiedad, tampoco se encontrarán sus perniciosas consecuencias" (32). Saint-Lambert, que disfrutó de la intimidad de las amantes de Voltaire y de Rousseau, y que en su Catecismo universal definió así la moral de su siglo: "Pregunta: ¿Qué es el hombre? Respuesta: Un ser sensible y racional. P.: ¿ Qué debe hacer como ser sensible y racional? R.: Buscar el placer y evitar el dolor. P.: ¿Qué entendéis por felicidad? R.: Un estado duradero en que se experimenta más placer que dolor. P.: ¿ Qué hay que hacer para obtener ese estado? R.: Tener razón y guiarse por ella. P.: ¿ Qué es la razón ? R.: El conocimiento de las verdades útiles para nuestra felicidad" (33). O sea: una petición de principios desde el punto de vista lógico, un imposible desde el punto de vista psicológico, un vacío metafísico y una monstruosidad ética. Un genuino "catecismo" para la Ilustración. Es decir, para el conjunto abigarrado de sus colegas: Mapertuis, Maréchal, Robinet, Monnet, Boulanger, Chasseboeuf, Constant, Martin, Destutt de Tracy, La Mettrie, Grimm, Le Condamine, etc.
De entre esta pléyade, los doctores del stalinismo se complacen en rescatar a la figura del cura Juan Meslier. "Como auténtico ilustrado-racionalista —expresan—, Meslier señala ante todo la instrucción y la divulgación entre los hombres de correctas ideas acerca de las relaciones, como la senda que ha de conducir a la realización del ideal y a la exterminación del mal. La primera condición para acabar con el mal es liberarse de la sumisión a los dogmas de la religión y de la moral cristiana... Su Testamento es una apasionada inculpación a los prejuicios religiosos ... Pone al desnudo todas las "extravagancias de la religión", sus "absurdas y supersticiosas prescripciones y ceremonias" y los "falsos e imaginados misterios". "Todas las religiones —dice— sólo son extravíos, ilusiones y engaños". "Todo culto y adoración a los dioses —sigue afirmando Meslier— es una aberración, un abuso, una ilusión, un engaño y un charlatanismo". El autor demuestra convincentemente que los prejuicios religiosos son empleados ampliamente para fines egoístas, de lucro" (34). Claro que para convencer a un convencido no se necesita mucho...
Mención aparte, sin embargo, merece el ilustre marqués de Condorcet.
Educado como una niña, participó de la Revolución Francesa como miembro del partido girondino, suscribió la condenación del rey Luis XVI, y luego fue él condenado por los jacobinos por su calidad de "aristócrata", suicidándose con el veneno que le proveyó su amigo Cabanis. En un canto popular era descrito como un caballero "de tristísima figura" que "pretende poder aliar... con la verdad la impostura" (35). Retórico ampuloso, so especializó en el antielericalismo y en la formulación de las leyes "naturales". Como anota Talmon, "en 1793, cuando estaba escondido y próximo a morir víctima del triunfo de sus ideas, resumió de la manera más conmovedora la hazaña de su siglo, alegando que éste había entrado en posesión de un instrumento universal igualmente aplicable a todos los campos del esfuerzo humano" (36). Esa idea era la del "progresismo". Esta creencia en el progreso indefinido y automático de la humanidad había sido ya expuesta por el abad de Saint-Pierre cuando concluía la Guerra de Sucesión de España, y luego por Turgot. Siguiendo a Locke y a Hume, Condorcet daría forma a la tesis que más tarde utilizarían Hegel y Marx. "El determinismo histórico optimista llegó a ser una especie de axioma" —observa Walter Theimer—. Tanto Turgot como Condorcet sabían explicar no sólo los diferentes estadios concretos por los que había pasado esta evolución, sino también aquellos por los que debería transcurrir ulteriormente. El phatos de la profecía histórica comenzaba a ser un elemento de la política. Condorcet declaraba en 1782 ante la Academia: "... La razón ha reconocido finalmente el camino por donde debe andar... El género humano ya no se balanceará en el futuro entre las tinieblas y la luz.. .Ya no está en el poder del hombre extinguir la antorcha alumbrada por el genio. .. Día llegará en que el sol alumbrará sólo a un mundo de hombres libres, que no reconocen más señor que a la propia razón". Tal ventura acaecerá siempre que "la clase de los burgueses verdaderamente ilustrados" mantenga su predominio. "La Ilustración —vuelve a anotar Theimer— no se había fundado sobre la experiencia, ni el optimismo ni la fe en la técnica; sin embargo, los ilustrados obraron como si, en ambos supuestos, se tratase de hechos empíricamente conocidos. Así, de pronto, y apenas salido de la niñez, el Empirismo se transforma en una nueva religión". Este "resplandeciente optimismo" en la ciencia y en la razón, "a la vista de las bombas atómicas y de hidrógeno, la guerra bacteriana y otras aplicaciones de la técnica no previstas por los ilustrados", no resulta hoy tan fácil de compartir (37). Partiendo de las leyes de Newton, Condorcet —que escribía, según un contemporáneo, "con pluma de opio sobre hojas de plomo"— contó nueve épocas; la novena, la de la razón. "Este Apocalipsis de la razón —comenta Christopher Dawson— preparaba el camino para un verdadero milenio, una era en que, según escribe Condorcet, "la raza humana, libre de todas sus cadenas, sustraída al imperio del azar así como al dominio de los enemigos del progreso, caminaría con paso firme y seguro por el camino de la verdad, de la virtud y de la felicidad" (38). A la luz de todos los males que le han traído a la humanidad los profetas del utopismo, del mesianismo milenarista, discípulos todos de Condorcet, el lector tendrá derecho a pensar que no estuvieron tan desatinados los jacobinos cuando lo condenaron a muerte.
.....................Educado como una niña, participó de la Revolución Francesa como miembro del partido girondino, suscribió la condenación del rey Luis XVI, y luego fue él condenado por los jacobinos por su calidad de "aristócrata", suicidándose con el veneno que le proveyó su amigo Cabanis. En un canto popular era descrito como un caballero "de tristísima figura" que "pretende poder aliar... con la verdad la impostura" (35). Retórico ampuloso, so especializó en el antielericalismo y en la formulación de las leyes "naturales". Como anota Talmon, "en 1793, cuando estaba escondido y próximo a morir víctima del triunfo de sus ideas, resumió de la manera más conmovedora la hazaña de su siglo, alegando que éste había entrado en posesión de un instrumento universal igualmente aplicable a todos los campos del esfuerzo humano" (36). Esa idea era la del "progresismo". Esta creencia en el progreso indefinido y automático de la humanidad había sido ya expuesta por el abad de Saint-Pierre cuando concluía la Guerra de Sucesión de España, y luego por Turgot. Siguiendo a Locke y a Hume, Condorcet daría forma a la tesis que más tarde utilizarían Hegel y Marx. "El determinismo histórico optimista llegó a ser una especie de axioma" —observa Walter Theimer—. Tanto Turgot como Condorcet sabían explicar no sólo los diferentes estadios concretos por los que había pasado esta evolución, sino también aquellos por los que debería transcurrir ulteriormente. El phatos de la profecía histórica comenzaba a ser un elemento de la política. Condorcet declaraba en 1782 ante la Academia: "... La razón ha reconocido finalmente el camino por donde debe andar... El género humano ya no se balanceará en el futuro entre las tinieblas y la luz.. .Ya no está en el poder del hombre extinguir la antorcha alumbrada por el genio. .. Día llegará en que el sol alumbrará sólo a un mundo de hombres libres, que no reconocen más señor que a la propia razón". Tal ventura acaecerá siempre que "la clase de los burgueses verdaderamente ilustrados" mantenga su predominio. "La Ilustración —vuelve a anotar Theimer— no se había fundado sobre la experiencia, ni el optimismo ni la fe en la técnica; sin embargo, los ilustrados obraron como si, en ambos supuestos, se tratase de hechos empíricamente conocidos. Así, de pronto, y apenas salido de la niñez, el Empirismo se transforma en una nueva religión". Este "resplandeciente optimismo" en la ciencia y en la razón, "a la vista de las bombas atómicas y de hidrógeno, la guerra bacteriana y otras aplicaciones de la técnica no previstas por los ilustrados", no resulta hoy tan fácil de compartir (37). Partiendo de las leyes de Newton, Condorcet —que escribía, según un contemporáneo, "con pluma de opio sobre hojas de plomo"— contó nueve épocas; la novena, la de la razón. "Este Apocalipsis de la razón —comenta Christopher Dawson— preparaba el camino para un verdadero milenio, una era en que, según escribe Condorcet, "la raza humana, libre de todas sus cadenas, sustraída al imperio del azar así como al dominio de los enemigos del progreso, caminaría con paso firme y seguro por el camino de la verdad, de la virtud y de la felicidad" (38). A la luz de todos los males que le han traído a la humanidad los profetas del utopismo, del mesianismo milenarista, discípulos todos de Condorcet, el lector tendrá derecho a pensar que no estuvieron tan desatinados los jacobinos cuando lo condenaron a muerte.
(10) HAZARD, PAUL: El pensamiento europeo en el siglo XVIII, Madrid, Guadarrama, 1958, p. 16.
(11) HAZARD, PAUL: op. cit., pp. 95, 96.
(12) FRIEDEL, EGON: Aufklarung und Revolution, Munchen, 1961, p. 70; cit. por PLEBE, ARMANDO: ¿Qué es verdaderamente la Ilustración?, Madrid, Doncel, 1971, p. 119.
(13) GOULEMOT, JEAN-MARIE, y LAUNAY, MICHEL: El Siglo de las Luces, Madrid, Guadarrama, 1969, pp. 328, 329.
(14) HAZARD, PAUL: op. cit, pp. 74, 76, 89, 155, 169, 223 y 225.
(15) FRAILE, GUILLERMO: O. P., Historia de la filosofía, T. III, Del Humanismo a la Ilustración, Madrid, B.A.C., 1961, pp. 872, 874 y 876.
(16) FRAILE, GUILLERMO: op. cit., pp. 911, 912.
(17) KECHEKIAN, S. F., y FEDKIN, G. I.: Historia de las ideas políticas. Desde la antigüedad hasta nuestros días, Buenos Aires, Cartago, 1958, p. 2W.
(18) FRAILE, GUILLERMO: op. cit., pp. 883, 884.
(19) HAZARD, PAUL: op. cit., pp. 514, 515.
(20) HAZARD, PAUL: op. cit., p. 342.
(21) HAZARD, PAUL: op. cit., p. 415.
(22) PLEBE, ARMANDO: op. cit., pp. 14, 15.
(23) KECHEKIAN, S. F., y FEDKIN, G. I.: op. cit., pp. 227, 226.
(24) GOULEMOT, JEAN-MARIE, y LAUNAY, MICHEL: op. cit., pp. 16, 114, 115, 116, 110, 111, 126 y 181. Estos autores se declaran "continuadores de la Ilustración", p. 343.
(25) HAZARD, PAUL: op. cit., pp. 265, 266, 262, y 265.
(26) FALCIONELLI, ALBERTO: op. cit., p. 114.
(27) PLEBE, ARMANDO: op. cit., p. 33.
(28) KECHEKIAN, S. P., y FEDKIN, G. I.: op. cit., p. 247.
(29) GOULEMOT, JEAN-MARIE, y LAUNAY, MICHEL: op. cit., pp. 187, 333-334, 188.
(30)FRAILE, GUILLERMO: op. cit., pp. 901, 907.
(31) FRAILE, GUILLERMO: op. cit., pp. 913, 915.
(32) FRAILE, GUILLERMO: op. cit., pp. 961, 963.
(33) FRAILE, GUILLERMO: op. cit., p. 916. Cf. HAZARD, PAUL: op. cit., pp. 222-223.
(34) KECHEKIAN, S. F., y FEDKIN, G. I.: op. cit., pp. 251, 249.
(35) GOULEMOT, JEAN-MARIE, y LÁUNAY, MICHEL: op. cit., p. 301.
(36) TALMON, J. L.: Los orígenes..., cit., p. 19.
(37) THEIMER, WALTER: Historia de las ideas políticas, Barcelona, Ariel, sf., pp. 163, 167.
(38) DAWSON, CHRISTOPHER: Progreso y religión, Buenos Aires, La Espiga de Oro, 1943, p. 31.
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