Colección de escritos de distintos autores, de distintos tiempos históricos, y de distintos lugares geográficos, sobre temas de doctrina religiosa, filosófica y política, perennes e insoslayables para un católico, pues hacen al bien común terrenal, y a la salvación del alma.

viernes, 5 de septiembre de 2008

La Ciudad Antigua


Artículo enviado por María Luz López Pérez (también corresponsal voluntaria, esta vez desde España). ¡Gracias!


por Numa Denys FUSTEL DE COULANGES. (historiador francés del siglo XIX)


L. II, Cap. I: LA FAMILIA: La religión fue el principio constitutivo de la antigua familia.


Si nos trasladamos con el pensamiento en medio de las antiguas generaciones encontraremos en cada casa un altar y alrededor de cada altar una familia. Cada mañana ésta se reúne para dirigir al altar sus primeras oraciones y cada noche para invocarle por última vez. En el transcurso del día se reúne también para delante de él para la comida, que se distribuye piadosamente después de la oración y la libación; y en todos estos actos religiosos cantan en común los himnos heredados de sus padres.


Fuera de la casa, muy cerca de ella, en el campo inmediato, hay un sepulcro, que es la ulterior morada de la familia. Allí descansan juntas muchas generaciones de antepasados, sin que la muerte los haya separado; allí yacen, agrupados, formando en esta segunda existencia un núcleo indisoluble. Entre la parte viva y la muerta de la familia no hay más que algunos pasos de distancia que separan la casa del sepulcro; pero en días determinados, los vivos se reúnen alrededor de los muertos, les llevan la comida fúnebre, los rocían con leche y con vino, depositan en el altar tortas y frutas o queman para ellos la carne de un animal sacrificado. A cambio de estas ofrendas, reclaman su protección, los llaman sus dioses y les suplican que hagan el campo fértil, feliz a la casa y virtuosos a los corazones. El principio de la familia antigua no es solamente la generación, prueba de ello es que la hermana no tiene la misma importancia que el hermano. La hija casada y el hijo emancipado cesan completamente de formar parte de ella…


Cap II. EL MATRIMONIO: Probablemente fue el matrimonio la primera institución doméstica.


Es de observar que la religión del hogar y los antepasados, a pesar de transmitirse de varón a varón, no pertenecía al hombre exclusivamente, porque la mujer tenía también su participación en el culto, asistiendo cuando era soltera a los actos religiosos de su padre, y cuando casada, a los de su marido.


Esto revela ya el carácter esencial de la unión conyugal en los antiguos. Dos familias vivían una al lado de la otra, pero tenían dioses diferentes; en la primera, una joven participaba, desde su infancia, de la religión de su padre, invocaba su hogar, le ofrecía diariamente libaciones, le adornaba con flores y guirnaldas los días de fiesta, imploraba su protección y le daba gracias por sus beneficios; el hogar paterno era su dios. Un joven de la familia vecina la pedía en matrimonio, y para ella no se trataba sólo de pasar de una casa a la otra, sino de abandonar el hogar paterno para irse a invocar en adelante al hogar de su esposo; se trataba de un cambio de religión, de ritos y de oraciones, abandonando al dios de la infancia para colocarse bajo la tutela de otro dios desconocido. Y no le quedaba el medio de permanecer fiel al uno y honrar al otro, porque en aquella religión era principio inmutable que una misma persona no podía invocar dos hogares ni dos series de antepasados.


"Al casarse –dice un autor antiguo-, la mujer no tiene nada de común con la religión doméstica de sus padres: sacrifica en el hogar de su marido".


Si el matrimonio es un acto grave para la joven, no lo era menos para el que había de ser su esposo, porque aquella religión exigía haber nacido al lado del hogar para tener derecho a sacrificar en él, y, sin embargo, iba a introducir en su hogar a una extraña, para practicar con ella las ceremonias misteriosas de su culto y revelarle los ritos y fórmulas que eran patrimonio de la familia. Nada para él más precioso que esta herencia, porque aquellos dioses, ritos e himnos que había recibido de sus padres eran sus únicos protectores en la vida y garantía para él de felicidad y virtud; y, no obstante, en lugar de guardar para sí aquel poder tutelar, como el salvaje guarda su ídolo o su amuleto, iba a compartirlos con su mujer. Asomándonos así a las ideas de aquellos hombres se advierte la importancia que para ellos tenía la unión conyugal y cuán necesario era que interviniese la religión en ella. ¿Cómo no había de ser indispensable alguna ceremonia sagrada para iniciar a la joven esposa en el nuevo culto que tenía que seguir en lo sucesivo, debiendo ser una especie de sacerdotisa en un hogar que por su nacimiento no le pertenecía?.


Debiendo así el matrimonio producir tan grandes efectos, era común en los escritores griegos y latinos designarle con un epíteto de los que indican actos religiosos. Pólux , que vivía en tiempos de los Antoninos, muy instruido en la lengua y usos antiguos, dice que en el pasado se llamaba matrimonio con una palabra que significaba "ceremonia sacra", lo que revela la importancia que se le concedía en aquellas remotísimas épocas.

No hay comentarios:


Para volver a El Cruzamante haga click sobre la imagen del caballero